Cuando la paciencia tiene un límite
Mi Duque era un perro indio, patango, gordo, parecía cerdito y con una rueda negra en la rabadilla, como si fuese hecha por un compas perfectamente medido, del lado del otro vecino , había un chihuahua delgadito curiosamente llamado también Duque; era más pelo que carne, pesaba como una libra creo , pero era valiente se le enfrentaba al duque con aquellos ladridos de león, y mi Duque tan paciente el pobre no le hacía caso , era un santo , no más se quitaba y agarraba otro camino , pero era todos los días tal pareciera como que lo esperaba en la puerta jeje , aunque muy maduro actuaba mi patanguito creo que en el fondo comprendió su tamaño, por eso me fié hasta que…
Estando afuera un día , dejé la puerta abierta para que entrara mientras lavaba los trastes de comer, de pronto entró y aque no se imaginan que traía en el hocico? al diminuto , valiente y arrogante chihuahua , Me entraron unos nervios que no supe en que momento le abría el hocico y le sacaba al tocayo , no sé si le parecería un juguete ,o es que su paciencia llegó al límite y quería darle una lección ,sigo prefiriendo pensar eso , lo cierto es que no le hiso daño alguno,y como que escarmento no le volvió a ladrar , sólo un Duque podía pasear a determinada hora jeje , pero como haya sido me llevé un tremendo susto. gracias por leer mi blog chicos, saludos y buenas noches despe.



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