Guarros
Hay quien dice que con el avance de los años las personas nos tornamos más intolerantes. Otros sin embargo contradicen esta opinión hablando del sosiego que aportan canas y arrugas a lo hora de mirar de frente a la vida. Una vez más me centro en el primer grupo, ese colectivo de personas que ven disminuir el contenido de su paciencia ante determinadas situaciones.
El caso que me ocupa para tejer estas líneas se manifiesta en la cantidad de guarros que conviven en nuestra sociedad. Desde el que te alegra la mañana con un esputo, sonoro y proveniente de las profundidades; ese individuo con el que te cruzas a primera hora de la mañana y que según te sobrepasa lanza su graznido y el correspondiente contenido a la acera.
A otro nivel figura esa señora que sentada a los mandos de su vehículo, que se encuentra estacionado y con una ventanilla abierta, lanza un proyectil en forma de colilla incandescente unos pasos antes de que te cruces en su trayectoria. Por la sorpresa que produce y lo inesperado se trata de otro pequeño sobresalto generado por la falta de… vamos a dejarlo en vergüenza.
Ya no basta con esquivar los campos de minas perrunas malolientes y pringantes en que se han convertido las aceras; ya no basta con esas bolsas de basura tiradas junto al contenedor que debería acogerlas; ya no basta con la chiclitis que invade cualquier espacio; ya no nos basta con vivir en un entorno urbano asquerosito por definición. Esta mugre, esta conquista de la basura también se extiende, lamentablemente, a playas, lugares costeros recónditos, a los montes… Y también hay que decir que no hay edad para la guarrería, TODOS, pueden y podemos practicarla.
Como breve conclusión a este panorama considero que, visto lo visto, la mayor basura que afecta a nuestra sociedad actual anida en el interior de nosotros. La guarrería instalada en nuestro alrededor, no por todos los habitantes de este mundo, pero si por una amplia y no identificada mayoría, tan sólo es la que rezuma de nuestra falta de educación y conciencia. Es lo que se sale del caldero de tantas personas que son sucias desde dentro.


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