Perros Maleducados

El post de esta semana va sobre todos aquellos perros que por nuestra ignorancia, incompetencia o incredulidad acaban siendo abandonandos o peor aún, sacrificados por su mal comportamiento. Y lo peor de todo es que ni siquiera somos conscientes de que la mala educación de nuestro perro sólo tiene un responsable, ¡NOSOTROS!

Empecemos reconociendo primero que es un perro maleducado: pues aquel que nos ladra para pedirnos atención, nos gruñe para proteger aquello que considera que es suyo, nos muerde si intentamos quitárselo, nos lleva a rastras durante el paseo y se sube encima de cualquiera que le diga “hola”. No entendemos a nuestros perros y nos echamos las manos a la cabeza cuando acaban sacando comportamientos que creíamos que nuestro Toby nunca llegaría a hacernos.

Vamos a ver porqué se dan y que hacer para prevenirlos.

Ladrar para captar atención: Suele funcionarles siempre. El perro ladra y nosotros vamos y le mandamos callar. Ya tiene nuestra atención. Le hemos reforzado el comportamiento y la próxima vez que quiera vernos, ladrará y allí que estaremos de nuevo para en nuestro universo, mandarle callar. En el suyo, verle y darle atenciones. ¿Cómo evitarlo? Debemos acostumbrarnos a atender al perro cuando está tranquilo y relajado y no cuando por aburrimiento empieza a hacer trastadas y así llamar nuestra atención. Debemos proporcionarle ejercicio y entretenimiento suficiente. Ya lo he comentado más veces, el perro debe salir 3 veces diarias, con al menos uno de los paseos de una hora de duración. Que lo disfrute, que pueda olisquear y relacionarse con otros perros. Crear rutas diversas para que no vaya siempre por los mismos sitios. Además, en casa podemos proporcionarle jueguetes interactivos, hacer que busque su comida por grandes espacios y trabajar un poco la obediencia. El aburrimiento es el comienzo de muchos problemas… Por supuesto, si el perro ladra intentaremos ignorarle (ni miro, ni toco, ni oigo). Es realmente complicado, por lo que siempre digo que mejor prevenir…

Gruñir: Gracias que los perros gruñen!!! Porque si no habría mucho humano mordido… A ver, que el perro gruña es una señal clara de que algo no le gusta. Normalmente suelen hacerlo para defender un privilegio como subirse al sofá, defender su plato de comida… Al no comprender lo que esta señal significa, nos lo tomamos a la tremenda, nos sentimos insultados y entramos en una guerra de violencia con nuestro perro. Es decir, le confirmamos que efectivamente va a tener que luchar por aquello que considera suyo. Lo que tendríamos que hacer primero es entender que los perros no pueden decirnos…”Eh, eso que estás haciendo no me está gustando un pelo, asique cuidadito” y que su gruñido no es por demostrar que él domina la situación, si no que lo que tiene, quiere protegerlo. Nosotros tendríamos que dejarle tranquilo (por el momento, no vamos a luchar con él, no tiene sentido) y enseñarle algo que le guste más que aquello que protege. Ejemplo clásico: el perro subido al sofá que gruñe cuando se le pide que se baje. Pues bien, nosotros vamos a la cocina, cogemos un trocito de salchicha (y si tu perro no está ya detrás de ti cuando has cerrado la nevera, cosa que dudo), volvemos al salón, se la enseñamos, le indicamos que se baje, que se siente, que nos dé una patita y entonces sí, ahora puede tener su trozo de salchicha. Con esto quiero decir que es absurdo entrar en una guerra de recursos con el perro, dado que nosotros somos los dueños absolutos de todos. Sólo hay que saber cómo trabajarlos. Es como si un niño pequeño monta una pataleta porque quiere algo y nosotros la hacemos más grande aún para no dárselo. Otro error común que se comente con el gruñido es intentar forzar al perro a hacer lo que queremos, en el caso del ejemplo sería cogerle del collar y bajarle. Pues bien, con este método seguramente acabaríamos en el siguiente punto: ¡Los mordiscos!

Morder: Cuando un perro convive con nosotros y se da cuenta de que por mucho que te gruña no va a conseguir nada, sólo le dejas una alternativa viable, morder. Vale, puedes tener muchísima suerte y que tu Toby sea un auténtico santo, y en lugar de morderte, se vaya tan tranquilo, pero no siempre pasa eso y luego nos sorprendemos de que nuestro perro muerda. Lo que os decía para los gruñidos se aplica igualmente para los mordiscos. Es lo que hace el perro para dejar bien claro que no quiere que sigamos por el camino que estamos llevando. Cuando le hemos hecho avanzar hasta aquí, lo más probable es que necesitemos ayuda profesional y colocar un bozal para evitar riesgos. Sobretodo si convive con niños o personas mayores que no controlan bien sus movimientos. No hablo aquí de casos agresivos hacia otros perros, si no de perros que acaban mordiendo a sus dueños porque no han sabido enseñarles las normas. Para que lo tengáis más claro el símil aquí es el de un adolescente al que no se le han parado los pies hasta que tiene 16 años. Vaya, nos va a costar mucho más que si desde niño le hubiésemos dicho que por ese camino no iba a lograr nada. Ahora más vale que llamemos a Hermano mayor para intentar meterlo en cintura. Debemos hacer un listado de todo aquello que “le molesta” y ver en qué momento es más probable que se produzca la agresión. Después, listado en mano, ir trabajando cada una de esas situaciones por separada para enseñarle al perro que no tiene que luchar con nosotros por ellas.

Es importante recordar que al convivir varios en la casa, las normas se vuelven más difusas, sobretodo si hay niños. Los mayores no le dejan subirse a las camas, pero los niños sí, se le da comida de la mesa en cuanto te despistas, … Las normas tienen que ser igual siempre y para todos. No hay ningún problema en que un perro duerma con su dueño en la cama, los problemas vienen cuando el dueño no quiere que esto suceda! Por tanto, coherencia a la hora de aplicar las normas.

Tirar de la correa: Esta es muy común, dado que no se le enseña al perro a ir con correa, luego nos soprende que no sepan. Además, si se utilizan collares de ahogo o castigo, estaremos metiendo al perro en una situación aún más estresante que el llevar a un humano colgando del otro extremo de la correa. Los perros tiran porque pueden y porque así es todo mucho más rápido. Si queremos evitarlo, compremos un buen material (ver post anterior) y parémosnos cada vez que se tense la correa. Además, podemos cambiar los sentidos de la marcha para que tenga que estar mucho más pendiente de nosotros. Hagamos del paseo algo divertido para él y así también lo será para nosotros.

Subirse encima: Esa actitud tan mona y divertida cuando teníamos un cachorrito se transforma en un avasallamiento cada vez que nuestro perro adulto saluda a algún conocido. Si te encanta abrazar a tu perro a dos patas, fenomenal, pero piensa que no a todo el mundo le gustan los recibimientos tan afectuosos. Lo suyo es que desde el primer momento se le enseñe al perro que si no tiene las cuatro patas en el suelo, no se le saluda. Para los que son muy persistentes se puede probar a echar unos trocitos de premio antes de que entremos nosotros, así asocia que es más interesante estar olisquenado el suelo que subidos encima de nosotros.

Bueno, si alguno ha reconocido a su perro como un maleducado, ya puede empezar a poner en práctica lo que os he comentado. Es culpa nuestra que nuestro perro se comporte como lo hace, porque sin duda alguna son nuestras debilidades las que le permiten comportarse así.

Hasta la semana que viene…