APROA, sociedad protectora de animales.

Resulta muy curioso que desde muy chica me han gustado los animales; desde la hormiguita trabajadora, hasta la ballena del color del mar, pasando por el cocodrilo aterrador y los curiosos arácnidos. Y comenzando por aquellos seres anteriores al dinosaurio, hasta aquellos otros que no envejecen jamás o pueden volver a la vida.
En el colegio, llegados a cierto nivel, nos mandan a hacer un trabajo social; en el que debemos cumplir cierta cantidad de horas mayor a 60, trabajando en cualquier cosa, apoyando a la sociedad que nos rechaza a tantos.

 

Decidí hacerlo en éste cómico lugar, sede de una defensoría animal y consultorio veterinario. Aún no he completado las 80 horas que me han tocado hacer a mí, pero en las 50 que hasta hoy llevo, he aprendido más sobre mascotas que en 15 años de vida.
He apartado entonces una sección de éste simple blog, sólo para relatar las mil y un anécdotas que llegan cada sábado que asisto al consultorio.
Habrá muchos perros; y un sinfín de gasas.