Yo quisiera ser civilizada como los animales

Animales domésticosMi perrita Pulgui murió con 12 años y la lloramos durante meses todas las noches. A mi gato de cuatro kilos Otto me lo mató con tan solo dos años algún vecino de chalet y aunque han pasado ya tres años aún no he vuelto a ver sus fotos, todavía no puedo. El que no haya tenido nunca un animal doméstico seguramente no entiende a qué se debe tanto sentimentalismo, al fin y al cabo, “no son personas”. Y el que sí haya tenido animales en la familia podrá contestar: “muchas veces se les quiere más que a las personas”.

Os iba a contar que la Protectora de Animales de Valencia está prácticamente en quiebra, dependen demasiado de las ayudas públicas y estas con los recortes no llegan. Os iba a hablar de las deudas que tienen con los pobres proveedores que no tienen la culpa de nada y deberían poder cobrar, de trabajadores que tampoco cobran, de juicios y desahucios… el pan nuestro de cada día en las noticias… pero entonces no hablaría de lo más importante, de ellos, de esos ángeles mudos disfrazados con pelos, rabos y patas…

Cuando compartes tu vida con un animal, es indescriptible cuando entras en casa y te reconoce, te saluda, te marca que tú eres su “otro”, te muestra que existe junto a ti y a ti está unido por unos hilos invisibles de complicidad, cariño y pertenencia al clan de ese hogar. Puedes notar cómo participa de tus sentimientos y tus estados de ánimo. No se mueve de tu lado cuando estás enfermo, se arrima con prudencia pero sin agobiar cuando te nota estresado, maúlla o ladra o salta o trepa cuando le hablas sonriendo y percibe tu energía positiva, algunos hasta “cantan” cuando tu cantas o silbas y otros, según sus dueños, hasta sonríen.

Son todo lo que nosotros no somos o nos cuesta ser: incondicionales, fieles, sinceros, nobles, constantes, fuertes, afectuosos, no tienen lástima de sí mismos, no mienten (si les caes bien, todo es fiesta; si les caes mal, respétalos en la distancia). Cuidan de nosotros, nos hacen compañía, nos dan atenciones y lo mejor, las piden y nos hacen sentirnos útiles e importantes, dan y reclaman amor, nos enseñan cómo funciona la naturaleza y cuáles son nuestros roles dentro de la manada y, por encima de todo, nos enseñan que nosotros también “¿somos/fuimos?” animales y lo que es el respeto (por uno mismo y por los demás). No es por casualidad que las terapias con animales se utilicen con niños autistas, toxicómanos, personas en situación de abandono, etc.

… E igualmente que cuando la gente se plantea tener hijos o no, después de haber compartido mi vida con algunos animales, solo puedo decir a quien me habla de inconvenientes que compensa de sobra, es más, compensar es “Igualar en opuesto sentido el efecto de una cosa con el de otra”… pues rectifico, no está compensado, nosotros salimos ganando siempre. Estoy deseando que mi hijo crezca para que me pida (volver a) tener un gatito o un perro, acompañarle a un refugio y que él elija con ilusión ser responsable desde entonces del que estoy segura será el mejor amigo que pueda tener en su vida.

Y estoy deseando que sepa leer para que pueda leer esto:
“Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente: “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal…

Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel…

Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña…; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra… Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
— Tiene acero…

Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo”.
“Platero” primer capítulo de Platero y yo de Juan Ramón Jiménez


Sociedad Valenciana Protectora de Animales y Plantas

Ayuda adoptando en el Refugio:

Salida nº12 pista de Ademuz km. 13,5. San Antonio de Benagéber. Valencia.

Ayuda donando en Bancaja:

2077 0083 17 3100448368