La viejita y el perro

-Bon día

-Buenos días señor Ernesto. Aquí tiene su cafetito

-Gracias Paco

Si paseando por la ciudad nos acostumbramos a observar lo que pasa alrededor del trayecto mientras dura el paseo, nos daremos cuenta de la cantidad de cosas que ocurren en  nuestra proximidad y que dejamos de ver aunque las miremos. Las prisa de nuestro tiempo hace que miremos hacía aquella ventana o balcón que está abierto en donde hay una persona, mujer o hombre, asomado, pero no vemos que pueden que estén dejando transcurrir el tiempo o, a lo mejor están pensando en el suicidio. Ni a esa otra mujer que con esmero, y puede que cantando, limpia los cristales. Quizás sea un ama de su casa, a lo mejor es una trabajadora del hogar que por horas hace una limpieza semanal en el domicilio de alguien, que puede que sea, desde un joven a un viejo, desde una persona que viva sola a un matrimonio, desde un diputado hasta un delincuente. ¡Qué más dará! Es la morada de algún ser, o seres humanos. Todo eso nos lo perdemos cada vez que paseamos y mirando no vemos.

Hago esta reflexión porque el otro día en uno de mis largos paseos me paso un caso curioso que esta haciendo que piense entre la relación de los humanos con los animales. Habrá quien diga ¡úf! bastante mala, siempre salen perdiendo los animales, otros dirán, los animales a la selva o al campo que es su sitio, pero también hay, y cada vez más, los que piensan que una cosa es ser humano y otra persona, por lo que el trato persona animal es excelente.

La cuestión es que, yendo por la acera salio de un portal una viejita que apenas podía andar, lo hacía pasito a pasito. Iba acompañada de un pequeño perro, puede que el animalito midiera como mucho algo más de 50 cm. Lamento no entender de perros, por decir algo diré que debía ser un caniche de pelo blanco. Andaba suelto, la viejita no lo llevaba sujeto con una correa. Caminaba al lado y de tras de su ama, como ella, pasito a pasito, moviéndose constantemente. Ahora izquierda, ahora a la derecha y mirando a la viejita que no le hacía ningún caso.

Intenté adelantarla porque la acera se había estrechado, y el pasito a pasito era muy poco para mí. Me puse a la izquierda, e inicie la maniobra. Inmediatamente se planto el perrito y muy educadamente me empezó a gruñir, con conato de ladrido, creo que diciendo espérate mandarra.

Se formo una cola como de diez peatones, y como por la derecha pasaba el trafico rodado, y a la izquierda se quedo el perrito pues no paso nadie hasta que nuevamente la acera cobro su dimensión habitual y el educado perrito se aparto a la derecha y cuando pasamos volvió a su habitual derecha e izquierda por detrás de su ama la cual no se había enterado de nada.

Por un momento estuve tentado de filmar la escena con el móvil y colgarlo en Youtube. Pero, ¿y si la viejita resulta que es una viciosa del internet y al verse en el video me demanda? Nunca se sabe.

-Hasta mañana que volveré a meterme con el poder político.

-Hasta mañana señor Ernesto

Me pongo la boina y me voy del café.