LA BRUJITA LLAMADA NIÑA

Hoy 21 de Octubre del año 2011, me encaminé a comprar los víveres del día, pasando por la verdulería de Germán esposo de mi ahijada Marcela y después de platicar algunos chistes mis ojos de dirigieron a un adorno llamativo que colgaba para celebrar el día de muertos que sería los primeros  días del mes de Noviembre, cuando de pronto le vi, era otro adorno que me dejó fascinada, al centro estaba una brujita niña con su cabello verde montada en una escoba y a su alrededor había calabazas, murciélagos, gatos negros, calaveras y momias salpicadas con diamantina dorada; me gustó tanto que se la pedí y quiso regalármela y como no acepté, le ayudé monetariamente con algo insignificante y contenta llegando a la casa la colgué.

Me volvieron recuerdos de una pesadilla que me acompañó por años y que me despertaba muy inquieta y asustada; me veía gritándole a mi mamá, quería que me ayudara porque una bruja me llevaba montada atrás de ella volando por el aire, pero parecía no darse cuenta de mi angustia y seguía sentada cose y cose, atrapando con la aguja chaquiras y lentejuelas para aplicarlas en un vestido negro que sostenía en las rodillas; imagen para la realización de un cuento, la inspiración ordenaba y obedecí…

Sí, la mamá de esta niña no se daba cuenta como su hija se alejaba montada en la escoba de la horrible bruja, que se carcajeaba feliz después de su mala acción; había espolvoreado preparados mágicos en la ropa normal que vestía la niña y ahora las transformó en ropajes y sombrero negros como los de ella, arrancando las dos brujas en la escoba que desapareció en la noche.

Llegaron al refugio de la bruja que descendió rápidamente y siguiéndola la brujita,  todavía con lágrimas en los ojos, por motivo del vuelo en la incómoda escoba y ahora ante su vista se horrorizó, porque la escena era de película espeluznante; estaba un cazo burbujeando, hirviendo, el fuego seguramente estaba embrujado, porque no había nadie más en el lugar que atizara el fuego que ardía constantemente; notó a los leños muy rojos avivando el calor y conservando el hervor del contenido que seguramente era una pócima preparada por la bruja; se detuvo como engarrotada, un desagradable olor penetró por su nariz, eran restos de alimentos, había mucho polvo, telarañas por doquier, ratas chillonas, murciélagos y un gato grande que la miraba fijamente.

La maléfica mujer, esparció polvos hechizados sobre los ojos de la brujita niña para evitar que durmiera empezando con sus procedimientos malignos  que le mostraba orgullosa a la asustada niña, los frascos eran muchos con varios letreros que avisaban de su  contenido, los destapaba y los cerraba con rapidez, los revolvía y mezclaba en un mortero hasta que por fin se detuvo, ya tenía listos los polvos que usaría en su próxima travesura; quiero contarles que mientras realizaba estas actividades hablaba y hablaba para enseñar a su discípula a ser mala.

Pero no contaba esta fea mujer con la bondad innata que irradiaba la niña que se había robado de un hogar en el cual habitaba una madre descuidada; ahora esperaba pacientemente la noche de muertos para demostrar sus fechorías que preparó para esa noche; ¡huy! ¡huy!  hasta el aire se retira para dar paso a las dos brujas que con una velocidad sorprendente provocan que la niña no pueda respirar normalmente; se ven las estrellas, la luna que les alumbra el vuelo nocturno y de repente se detienen en la primer casa que ven y despacio sin hacer ruido se deslizaron hasta la habitación donde cuatro personas se entretenían con una película que estaban pasando en la televisión; no imaginaban lo que sucedió, la mala mujer reía para sus adentros porque esta noche especial no la olvidarían; enseguida con sus polvos mágicos convirtió a los dos niños en momias y luego vació el contenido de otro frasco sobre el papá y la mamá transformándolos en fantasmas; ¡qué ojos! expresaban sorpresa, miedo y lloraban sin disimular; las brujas, una divertida y la otra que los miraba consternada porque esta visión parecía un aquelarre; y para rematar cerca estaba un cuervo negro que dejó de picotear un sillón para volar  y apostarse en el hombro de su dueña.

Los niños se querían retirar las vendas que los cubrían y los fantasmas –padres miraban sin comprender, querían ayudar a sus hijos, huir de todos esos horrores, pero con esa nueva apariencia engañosa que ahora tenían no podían controlar sus movimientos.

La brujita llamada niña en ese momento escondió un brebaje que tomó clandestinamente y que tenía una etiqueta que decía “devuelve presencia digna al ser humano”; ya no quería presenciar lo terrorífico de ese lugar, deseaba un cambio porque no era posible que existiera tanta maldad, los frascos y su contenido podían cambiar a las personas porque les alteraba su fisonomía. La fea mujer impresionaba con sus gritos que se oían ordenando a todos que salieran a la calle y que espantaran, que gozaran su transformación; entretanto la niña pensaba en cuál sería la debilidad de la bruja y sin pensar mucho la halló, solucionando su preocupación y abriendo los brazos en cruz se plantó valientemente frente a la mujer-bruja pidiendo que regresara todo a la normalidad,  acercando el brebaje que traía consigo; y habló claramente con palabras que eran muy alentadoras porque le prometía llevarla con un especialista en cirugía plástica para mejorar su fisonomía y también con alguien experta en productos cosméticos cambiando su actitud como por encanto y estiró la mano para recibir el brebaje que podía cambiar el futuro de estas personas, deteniéndolo sólo un momento para preguntar si lo que oía era cierto; alguien se preocupaba por ella y se comprometía a cambiar su imagen, se alocó y terminó cediendo sirviendo un poco del vital líquido en cuatro vasos que se vaciaron rápidamente en las bocas de los personajes afectados.

Los aplausos y vivas eran escandalosos pero felices; la bruja devolvió nuevamente su anterior personalidad a los cuatro a los que se las había arrebatado momentáneamente y  ahora hablaban sin parar, esto merecía un brindis con rompope,  ayudarían a la bruja niña en todos los buenos planes que ofrecía a la bruja que afortunadamente al verla sonriendo ya no se veía tan fea y era agradable pensar que ya no tendría esos pensamientos tramando cosas macabras y menos con los arreglos que le beneficiarían;   ahora vemos a la brujita-niña como hija de familia acompañada de su mamá que la cuidaba con esmero arrepentida de su anterior comportamiento y como se decía antes, colorín colorado  este cuento se ha terminado.

María de la luz Guadalupe Jiménez Ramírez.

Octubre 21 del año 2011.