Cuando el hombre encontró al perro

El primer programa llevado a cabo en un centro geriátrico se inició en 1981, por Salomon, Hogarth-Scott y Lavelle, y se desarrolló en el Hospital Geriátrico Caulfield, en Melbourne, Australia. Consistió en incorporar una antigua perra lazarillo de raza Golden retriever a la vida del centro, con resultados sumamente positivos para el bienestar emocional de los residentes, e incluso de los propios empleados.
En España, la Fundación Affinity promovió en 1995 la puesta en marcha del programa de adopción de animales en centros geriátricos, que se inauguró en la Residencia Gent Gran de Reus, en Tarragona, con la adopción de dos perros, también de raza Golden Retriever. La valoración del efecto de los animales sobre residentes y trabajadores fue también excelente.
Una aplicación más específica dentro del campo de la tercera edad, está siendo el apoyo a pacientes aquejados de Alzheimer. Entre los efectos beneficiosos derivados del contacto con los animales para este grupo en concreto, cabría destacar la disminución del mutismo característico de esta enfermedad, ya que enfermos que no se comunican con sus cuidadores, tienden a hacerlo con el perro, el cual además propicia la evocación de recuerdos, mejora su psicomotricidad, les ayuda a relajarse, y retrasa el deterioro de las capacidades cognitivas.
Destaca la iniciativa que está llevado a cabo la ONG Intervención, Ayuda y Emergencias, en el centro La Pau de Algemesí, en Valencia, donde voluntarios de la organización desarrollan una terapia asistida orientada a pacientes con Alzheimer a través de un programa que consiste en dos sesiones semanales.
La realidad se muestra bastante clara; más allá de la afinidad que pudieran tener los pacientes hacia los animales a priori, La necesidad del animal de ser atendido no o solo por ancianos de avanzada edad sino por personas mayores que los acogen, obligan a sus dueños a adoptar una serie de obligaciones mínimas y diarias, que arrancan del sedentarismo y falta de estímulos en la que muchos están inmersos. Al mismo tiempo aportan un enorme potencial en las relaciones sociales ya que el individuo en cuestión, crea y reafirma nuevos lazos de amistad con personas afines a él con mascotas ( como paseos por los parques de la zona con otras personas así como ser un buen inicio de conversación con los conocidos del entorno) y todo ello a pesar de que, a nivel administrativo, a los dueños de animales de compañía se les exigen bastantes condiciones para poseer una mascota sin aportar los derechos mínimos que sus impuestos y desembolsos económicos aportan (prohibición de llevarlos en muchos lugares públicos como playas o parques a pesar de que los lleven con correa o bozal, una enorme falta de zonas específicas en casi todas las ciudades españolas reservadas para animales y su higiene…El Estado y las administraciones locales piden pero no dan nada a cambio cuando el porcentaje de familias con mascotas en nuestro pais, sin ser muy significativo en comparación con otros países comunitarios, es extremadamente alto,
La advocación de recuerdos del pasado, ya que es muy fácil que cualquier persona haya tenido experiencias con animales en el pasado, y la comodidad que aporta el cuidado de un perro que, como animal social, es una de las especies animales más integradas en nuestra sociedad como máscota, hacen que no solo se cree una obligación de ejercicio físico dedicado a atender al animal, sino una serie de valores y sentimientos positivos que quedan más que probados en todos y cada uno de los proyectos que a nivel mundial se han ido desarrollando para investigar y estudiar la validez de estas actividades.
Cabe recordar que paralelamente, también existen tratamientos para niños con síndrome de Down o Autismo con delfines y caballos con idénticos resultados. Resulta curioso por tanto descubrir que un pequeño perro “mil razas” recogido de una perrera, tiene mayores y mejores resultados en una comunidad de ancianos, que toda la parafernalia farmacéutica de última generación que hoy en día poseemos…Y sus efectos secundarios son a lo sumo un poco de pelo en la tapicería de algún sofá…

David Miralles