Las mascotas del fútbol peruano

Por Eva Cruz Calderón

En el Perú, el fútbol como deporte genera miles de dólares anuales. Las contrataciones que realizan los clubes como Alianza Lima o Universitario de Deportes exceden sus presupuestos. Consecuencia: se incumplen los pagos y el deporte rey se ve perjudicado.

La imagen del balompié nacional, en lo que va del año, se ha visto afectada; la para del campeonato, huelga de los futbolistas y cambios en sus dirigencias son parte de la mala cara de este deporte. No obstante, existen unos personajes que le dan la cuota de alegría al hoy tan caído fútbol peruano: las mascotas de los equipos.

Alegría y sabor

Estas singulares creaciones pretenden motivar a los hinchas para que se sigan alentando a sus equipos, pese a todo. Los problemas podrán existir, pero ellos, fieles a sus camisetas, siguen saltando bajo un solo lema: el desarrollo del fútbol.

‘Quintín’ (representante de Alianza Lima), ‘Garrita’ (de Universitario de Deportes), ‘La muela’ (de la Universidad San Martín de Porres), entre otros, cada fin de semana se montan bajo ese disfraz y se convierten en los fanáticos número uno de las instituciones que representan.

La idea de formar una mascota para cada club es el ex arquero aliancista Jorge Gálvez, hoy más conocido como ‘Maradona’ Gálvez. Desde que Cienciano ganó la Copa Sudamericana en el 2003, las llamadas a su celular no pararon. Y es que para aquella ocasión, el ‘Burrito’ fue la sensación.

Los otros clubes, al igual que el equipo del Cusco, deseaban tener entre sus filas una mascota, que dé más color y sabor a su barra. Estos carismáticos personajes se enrumban a los sitios más privilegiados de los estadios que les toque visitar, se mueven por doquier y arengan a los aficionados y amantes del deporte rey.

¿Trabajo o hobby?

Pero ¿qué ganan estos personajes al disfrazarse de mascotas? ¿Lo hacen desinteresadamente o existe un negocio detrás?

Como toda persona, las nuevas estrellas del fútbol tienen que buscárselas en esta Lima que poco o nada hace por romper las brechas salariales. Los que más tienen no siempre deberían ser los que continúen en la batuta de la economía. En este caso, fácil: los futbolistas no deberían ser siempre los que más se lleven para sus bolsillos.

Estas peculiares imágenes son de carne y hueso, con necesidades, preocupaciones y carga familiar. Por tal, ningún trabajo que realicen debería ser gratis. Y esta ‘chamba’ de las mascotas no es la excepción.

Según nos comentó para Dardo blanco ‘Maradona’ Gálvez, estos muchachos se la ganan a puro sudor. Literalmente, a puro sudor.

“Por producción fotográfica pueden cobrar hasta 40 nuevos soles, solo tienen que estar parados mostrando la marca que nos apoya. Pero si tienen que alentar o estar en un partido entero, se pueden llevar hasta 80 soles”, sostuvo Gálvez.

“No es mucho, pero a nada”, responden ellos.

El negocio en sí está en hacer conocida, en los medios de comunicación, la entidad que los apoya. La empresa privada se pone de pie, una vez, con el fútbol peruano, pero de una manera distinta. Firmas como el colegio pre universitario Saco Oliveros, Nike, Triatlon o Convert ayudan en esta causa. Estas compañías derivan parte de sus presupuestos para este fin.

Al mostrar la marca que llevan estampadas en sus disfraces o aparecer detrás de un banner de la empresa, se refuerza la publicidad. Con ello, el cliente (la marca) se da por satisfecha, pues, sacando cuentas, es más rentable hacer publicidad así que pagar por minutos en televisión o centímetros en periódicos.

La excepción

De todas las mascotas, La Muela no forma parte del ‘staff’ que maneja Gálvez. Este singular ‘amiguito’ es un trabajador de la misma institución. Ricardo Tapuyima, de 30 años, labora como conserje en la Facultad de Odontología de la USMP. El monopolio, así, se rompió.

“Gracias a este disfraz he logrado varios sueños. He conocido a mis jugadores preferidos, he salido en televisión, he viajado casi por todo el Perú y también he llegado al extranjero”, señala Tapuyima.

El joven natural de Amazonas nos cuenta que un principio, en la facultad donde labora, nadie quería ponerse el disfraz. “O eran muy apáticos o eran muy cansados”, dice sobre sus compañeros.

Una vez que se lo probó, ya no ha querido soltarlo. Al esconderse tras esa voluminosa careta, se le van los miedos y la vergüenza. Se transforma. Se la crea y allí está.

Sin duda, pese a que el fútbol nacional esté de capa caída y con un ‘nivel’ nada aceptable, habrá quien haga gozar del público. Las mascotas, pese a los problemas, siempre arrancarán más de una sonrisa a los amantes del fútbol en el Perú.