Ansiedad por separación: Luz al final del tunel

En el post de hoy os voy a contar un caso real que he tenido: Tor y su miedo a quedarse solo. Con él pretendo dar ánimos a todos aquellos que se hayan visto en una situación similar o que actualmente estén sufriendo por los problemas de comportamiento que presenta su perro.

La historia comienza a principios de enero de este año con una llamada a la protectora en la que colaboro con unos dueños desesperados porque su perro se acaba de comer el sofá recién comprado. Aunque en un principio querían abandonar al perro, tras hablar con la coordinadora deciden darle una última oportunidad e iniciar una terapia de comportamiento. Es en este momento en el que Tor y yo nos conocemos.  Tor llegó a casa como regalo de unos amigos a los dos meses de edad y ya desde pequeño empezó a dar problemas en casa, comentándome incluso que siempre había presentado ansiedad por separación. Para colmo, los dueños se habían mudado recientemente de casa, cosa que no casualmente coincidió con su destrozo. Además de esto, Tor había recibido clases de adiestramiento siendo jovencito porque tiraba muchísimo de la correa y un lavado de estomago de urgencia por tragarse un calcetín. Vaya, que sus dueños no habían reparado en gastos con él, pero parecía que esto estaba a punto de terminarse.

En el momento de iniciar la terapia comportamental, Tor ya estaba recibiendo tratamiento médico por parte de su veterinario, altamente recomendable en casos graves o cuando los dueños están a punto de tirar la toalla.

Para diagnosticar ansiedad por separación se tienen que dar varios factores:

–  Miedo a quedarse solo representando por:

  • Eliminación inadecuada
  • Ladrido excesivo
  • Destrucción

–  Que el periodo en el que suceda sea corto (30-60 minutos desde la partida del dueño)

En el caso de Tor se daban todos los puntos y además convivía con otro perro, Leo, que desgraciadamente no le servía de entretenimiento. Esto es importante a la hora de plantearse introducir otro perro para “solucionar” el problema. Si nuestro perro tiene miedo a quedarse solo o dependencia de nosotros, el tener otro animal en casa no va a solucionar nada y puede que incluso lo empeore al tener que compartir los mimos que antes sólo eran para él.

La pauta inicial es clara, Tor NO DEBE QUEDARSE SOLO. Anda, diréis, ¡así seguro que se evitan los problemas! Pues sí, si el perro tiene miedo a quedarse solo, lo que haremos será mostrarle poco a poco que no sucede nada y para eso primero tenemos que tenerle siempre acompañado. En su caso, Patricia y Daniel aprovecharon parte de sus vacaciones para el inicio de la terapia y más adelante tiraron de familia para que los perros no estuviesen solos. Si no dispones de nadie, puedes utilizar los servicios de guardería, hablar con algún vecino o incluso contratar un canguro. Pero lo importante en esta fase es que el perro esté acompañado SIEMPRE. Además, realizamos una reducción de estrés haciendo juegos de búsqueda y eliminando todo aquello que pueda suponer un problema para Tor (mejores paseos, mejores juegos, RUTINA, eliminación de toda clase de castigos,…). Esto en cuanto a Tor, pero no debemos olvidar que los dueños también sufren mucho estrés con este tipo de problemas: cómo me encontraré la casa, qué habrá hecho esta vez, tendré que volver a limpiar pises y cacas,…En su caso lo que debemos dejar claro es que Tor tiene un problema, está enfermo y debe tratarse. No destroza porque quiera molestarnos. Por mucho que nos cueste creerlo, no es consciente de lo que ha hecho porque nos ponga ojitos al llegar a casa. Si hay destrozos, eliminación inadecuada o ladridos es porque no soporta estar solo y sufre ataques de ansiedad. Así que debemos de concienciarnos de que la terapia no va a afectar únicamente al perro, si no que nosotros también nos veremos inmersos.

Tras una semana de terapia antiestrés, vuelvo a verles. No han dejado a Tor solo en toda la semana, se le nota más centrado y parece que no ha acosado a las visitas como otras veces. Así que esta vez empezamos con ejercicios para ganar independencia y también desensibilizar las señales de salida. Vale, primero lo de la independencia. Los perros que presentan ansiedad por separación tienen una relación patológica con su dueño, digamos que se mueren sin él, por lo que necesitamos que se despeguen, tanto física como mentalmente. Es el clásico perro-sombra que te persigue por toda la casa. Pues haremos ejercicios para que nuestros movimientos dejen de ser interesantes. En cuanto a la desensibilización de señales de salida, no es más que realizar todo aquello que le indica al perro que nos vamos a ir, pero sin irnos. De modo que el perro deja de tener la asociación de señal-partida. El ejemplo típico es el de ponernos el abrigo y sentarnos en el sofá. El perro pensará que nos hemos vuelto locos, pero eso no nos debe importar, lo bueno es que ya no le va a indicar que nos vamos. La diferencia entre salir por la puerta de la calle y la de nuestra habitación es la importancia que nosotros le damos.

Una ayuda extra a la hora de trabajar con este tipo de problemas es el uso del DAP (hormona de apaciguamiento). Se trata de un difusor tipo ambientador que libera hormonas como las que desprenden las madres durante la lactancia. De esta forma conseguimos relajar al perro mediante el olfato. Nosotros no las notamos y a ellos les van muy bien. Otros consejos que ponemos en práctica son el uso de música clásica durante momentos de relax y también ponerle una camiseta un poco apretadita, para que se sienta “abrazado”. Todo para conseguir más momentos buenos.

Durante la semana me llama Patricia, tiene que volver a trabajar y no encuentra a nadie con quien dejarlos. ¡Horror! Tor estaba haciendo muy buena progresión y puede ser fatal dejarle ahora solo. Al final encuentra con quien dejarlos y todo continúa sin problemas :)

Una vez que hemos ganado independencia y le hemos vuelto loco con las supuestas señales de salida, es hora de pasar al segundo punto: ¡Salidas falsas! Y diréis, ¿por qué falsas? Pues porque aún no le vamos a dejar realmente solo. Vamos a introducir la puerta como señal de salida y a trabajar con las señales “externas”: salir, llamar al ascensor, el ruido de llaves al abrir, entrar, salir, arrancar el coche, la puerta del portal, la del garaje,…Poco a poco vamos a ir trabajando estas falsas salidas hasta llegar a los 15 minutos. Al principio bastará con abrir la puerta, salir, cerrar y volver a entrar. Y luego iremos añadiendo tiempo y más elementos (ascensor, ruido de pisadas, garaje,..). El tiempo que nos lleve conseguir que el perro no haga caso a estas señales dependerá de sus circunstancias. En el caso de Tor costó como un par de semanas. Es importante tener paciencia y no querer correr. Si nos pasamos de tiempo, el perro se asusta y tenemos que retroceder muchos pasos para lograr otra vez su confianza. Durante estas falsas salidas Tor, que es un especialista en descorchar Kongs, disfruta de un nuevo juguete, el Dog Pyramid, fantástico para entretener al perro durante un tiempo.

Cuando hemos conseguido que el perro esté tranquilo durante 15 minutos, podemos empezar a hacer salidas controladas. Esto que parece sencillo, no lo es tanto, ya que tienes que contar todo el tiempo. Patricia y Daniel viven al lado de un supermercado y me contaban que hacían la compra con bolsa y en horario de menor afluencia, porque si no igual no llegaban a tiempo. Es muy importante tener en cuenta todos los posibles imprevistos que pueden acarrear tu salida, un paso en falso y tiraremos por la borda mucho trabajo.

Algo que nos ayuda mucho también son las grabaciones. Las primeras salidas que contemplo de Tor me indican que aunque está tranquilo durante la salida, cuando sus dueños vuelven a casa, hace muchas señales de estrés (bostezos, sacudidas, reverencias,…). Como decía antes, no hay que forzar los tiempos. Si el perro no acepta por ahora más que 3 minutos, pues seguiremos haciendo minisalidas hasta ganar la confianza suficiente para dar el salto a los 5 minutos. Afortunadamente Tor progresa adecuadamente y ya se va queda solo hasta 27 minutos. Es el momento de volver a nuestra vida real, les digo a sus dueños que según vayan ganando tiempo, empiecen a disfrutar de todo aquello que han dejado de hacer (quedadas con los amigos, ir de compras, al cine,…) y sobretodo tener un detallazo con toda esa gente que ha participado en su recuperación (familia, amigos,…).

Hace ya unos meses que no veo a Tor, pero las últimas noticias que tuve de él es que ya podía quedarse solo ¡durante 8 horas! Aquí sólo me queda felicitar a Patricia y a Daniel por su excelente trabajo, su paciencia y su capacidad de sacrificio. No solo no dejaron a Tor en la estacada, si no que han luchado por él y ahora son una familia muy feliz.

Si como ellos, alguna vez te has visto desbordado por la situación, consulta con un profesional, porque siempre se puede mejorar. Puede que no sea fácil, pero la satisfacción de volver a retomar tu vida no tendrá precio.