Los monos sagrados de El Salvador

Pues es que el asunto es que en  la India hay monos que son sagrados. Allá, los simios inundan templos y calles, comiendo ofrendas o lo que se encuentran, siempre con barriga llena y sin entrar en conflicto con sus vecinos humanos.

Tras mucho caminar por las calles de El Salvador, he llegado a pensar que en El Salvador tenemos nuestra propia versión de monos sagrados: el chucho aguacatero.

manada de perros

Es un hecho: en relación al resto de Centroamérica, el Salvador tiene la población más alta de perros deambulando por la calle. Pero, al igual que los monos en la India,  los dichosos chuchos no están presentes en todos los lugares: aquí  abundan en las ciudades y  su presencia tiene una relación directamente proporcional con el nivel poblacional y el nivel de pobreza de los humanos; en otras palabras: entre más gente haya y más pobre sea, más chuchos vagando por las calles.

No todos son “chuchos sin dueño”. Hay bastantes que tienen sus amos lo cual  les garantiza un rincón donde dormir y un lugar que defender (porque eso sí, si uno quiere un buen guardián, hay que buscarse un aguacatero). LLegado este punto, es de suponer que ya sospechan el origen del nombre: Si. Proviene de la palabra aguacate y se le da a estos perros por su capacidad de alimentarse de ese fruto (habilidad que le viene de sus orígenes rurales).

Pero volviendo al punto:  hay aguacateros que tienen sus dueños, quienes para suplir las necesidades de sus mascotas, abren la puerta y les dejan irse para  hacer de las suyas en la calle (comer, cagar y reproducirse). ¿Por qué? pues por pobreza, por costumbre, por que así ha sido siempre, en fin…

perro en mercado

Tarde tras tarde, este perro espera ilusionado que a la vendedora se le caiga un trozo de la “fritada” que vende.

Pero hay otros aguacateros que por necesidad o voluntad propia, deciden vivir por su cuenta. Estos son los que más inundan las calles, conviviendo sin mayores problemas con los humanos en mercados y calles bulliciosas, velando las ventas de comida y robando cuanta bolsa de basura puedan antes de que pase el camión recolector.

Allá por el año 2002 hubo una reducción de perros callejeros ¡Alerta! Se empezaron a encontrar indicios de un “destazadero” de perros.  El caso llevó incluso a sospechar de importantes funcionarios de ser culpables de exportar carne de perro a Tailandia, pero todo se quedó en puros chambres igual a los chambres de que en el Estadio Cuscatlán, se vende carne de chucho (hasta compusieron una canción).  Sea como fuere, como que los rumores detuvieron  la desaparición  y los famosos aguacateros volvieron a poblar alegre y prolíficamente las calles.

Lo dicho: los aguacateros son buenos guardianes y bastante fieles.  Tienen un sentido de fidelidad tan alto que algunos se dan a a la tarea de adoptar a bolitos (borrachitos consuetudinarios), a quienes acompañan en la cantina  y  luego cuidan  fielmente mientras duermen la borrachera, a fin de evitar el robo de los zapatos o del último trago en la pachita de guaro. En este sentido, creo que superan con creces a los monos de la India.

bolito y perro

Un bolito y su perrito, iniciando el día frente a una cantina en Soyapango, San Salvador

Nuestro aguacateros conviven con los humanos, comparten nuestras calles, son fieles en nuestras tristezas, y aunque no les brindamos ofrendas y respeto como a los monos de la India, forman parte de nuestro paisaje cotidiano, el paisaje real, el que vivimos la mayoría de salvadoreños y salvadoreñas.