Sofá de dos cuerpos

¿Recuerdas aquella tarde
en la que nos tumbamos a apaciguar
el hambre de nuestras carnes?

Recorrimos enteramente
mil universos
y nuestro goce…
¡Fue insoslayable!

Jugamos como dos niños
tremebundos de amor,
al compas de un video
y hasta el son del dolor.

Y nos miraban de reojo
los vidrios grises,
los gatos rojos
las colchas tristes…

Nuestras sonrisas eran felices,
¡intenso y humilde nuestro amor!

 ¿Dónde quedo ese hambre magnánimo
 librado a galope del contacto de nuestros ojos?

¿Dónde ese reír sincero,
 que a veces,
derivaba en enojo?

Ya no lo veremos nuevamente,
correteando por la sala
ni debajo de cada uno de nuestros besos…

No lo veremos arrullándonos para dormir,
acomodándonos el cabello,
acariciándonos el rostro,
susurrándonos en el silencio de una tarde.

Ya no lo veras tú,
ni tampoco yo he de verlo…
¡Porque ha muerto!

Escrito por J.O.G