El primo Lalo

Hoy he ido de pises con el primo Lalo y la tía Olaia. El primo Lalo es alto y rubio y, si le pones nervioso, gruñe un montón, ladra sin parar y corre de un lado a otro. Por eso, cuando estoy con el primo Lalo, intento no contrariarlo, y camino junto a él muy ufano, sacando pecho, porque pasear por el parque con el primo Lalo te da un toque de glamour: los otros perritos te miran diferente, con respeto y desconfianza, como si el endeble de la clase se hubiese confabulado con el matón del “insti”.

Si el primo Lalo mea en un árbol, yo también. Y si el primo Lalo se acerca a olfatear a un perrito y no me gusta, me pongo detrás del primo y ladro un poquito -guauuu, muy bajo, porque apenas sé-, y gruño un poquito -grrrr-. Y dejo que la naturaleza siga su curso: el primo Lalo se pone nervioso y hace de las suyas, y los otros perritos del parque se apartan y miran con respeto, y yo muevo el rabo un montón, para que me vean bien, porque el primo Lalo es alto y rubio, y yo sé muy bien cómo contrariarlo.