Dias largos

Hoy me apetece hablar de ratas. Hace dos años y medio que tengo en casa ratas como mascota. Como le digo a todos los que preguntan: sí, ratas, ratas. A mucha gente le dan miedo, o más bien asco, sobre todo por su cola larga pelada. Pero resulta que tiene pelito y que está muy suave. No pretendo cambiar la opinión de nadie, pero os aseguro que el que le abre su corazón a una rata, no vuelve a ser el mismo. Pequeñas y no tan pequeñas, de colores, orejonas, calvas, activas, tranquilas… puedes encontrar de todo, pero todas coinciden en una cosa: cariñosas hasta límites insospechados.

A casa primero llegó Brisby. Mi niño mimado, un grandullón tranquilo que se dejaba hacer pedorretas en la barriga. Al poco tiempo le busqué un compi de juegos, Rufus, y luego llegó Nicodemus, el papá de Brisby (los dos adoptados de una protectora); después de unos meses le siguierón Imán, Champiñón, y mis dos nenas calvas, Lilo y Fionna.

Image

De esto hace ya tiempo, y poquito a poco me han ido dejando, porque por desgracia las ratas no viven mucho, entre dos y tres años con mucha suerte. Ahora sólo están Imán y Rufus. Rufus es el causante de mis ganas de hablar de ratas: mañana le operan por un tumor en un testículo, y cruzo los dedos para que todo salga bien. ¡Ánimo pequeñajo!