Reflexiones antes de adquirir un perro

La adquisición de un perro debe ser seriamente considerada; frecuentemente el deseo de poseerlo se debe a esnobismo, querer aparentar una posición social, querer poseer una demostración de fuerza, la ambición de conseguir premios en una exposición, la carencia afectiva, por lo cual se busca un animal-objeto para reemplazar algo que falta en las relaciones humanas. Lo que aún es peor, muchas veces se adquiere un perro para que los niños estén contentos. En un gran porcentaje esto es así, pero también existen otro grupo de personas que si quieren poseer y tener a su lado por largos años un perro que aparte de darle momentos gratificantes le preste algún tipo de servicio.

El perro no es un juguete mecánico, ni un par de zapatos que se devuelven porque van demasiado apretado. En el momento de la decisión se piensa solamente en el teórico placer que el cachorro gracioso puede ofrecer en casa, y en otros casos la imagen de fuerza y seguridad que pueda representar para resguardar  nuestras vidas o nuestros bienes materiales, pero casi nunca se piensa en las responsabilidades y preocupaciones que aquél pueda acarrear. Después se cansan pronto y con la misma irresponsabilidad con que se adquirió se liberan de él, regalándolo, abandonándolo o creando una imagen distorsionada del  la raza que hayan adquirido, y si es un mestizo muchas veces echándole la culpa que es porque no posee linaje. Afortunadamente existen personas que, habiendo llevado un perro a casa, lo tienen y quieren por toda la vida, dándose cuenta de que se trata de un animal y que tiene sus necesidades tanto psicológicas como físicas; sabe que su manutención produce un costo; que por él es necesario prever gastos  de alimentación, de asesoramiento, de educación, de adiestramiento, veterinario, de vacunaciones y de un equipo especial (collares, correa, bozal, cama, etc.).

La adquisición debe ser por tanto decidida después de un asesoramiento  y de un profundo análisis de conciencia y si es posible  en el que deben participar todos los integrantes de la familia, dentro de la cual el perro tendrá que formar parte, evitando elecciones irreflexivas.

Para muchas personas es cruel aceptar o ver la realidad, pero es mejor moderar el entusiasmo mal arraigado, que llegar a ser cómplice de desilusiones y de fracasos imprevistos. Con demasiada frecuencia se da el caso de personas que después de pocos días se deshacen del ejemplar canino como sea, porque no lo comprenden, lo comparan con otros que tuvieron o con algún otro de amigos o vecinos y lo etiquetan de “malo”, de “destructor”, de “agresivo”, de “sucio”, de “inadaptado”, etc.,  a  la circunstancias de su núcleo familiar. Cuando en la mayoría de los casos quienes no están aptos para adquirir un perro son este tipo de personas. Todo esto ocurre por no tener el asesoramiento adecuado.

Aquellas personas que después de ser asesorados y llegando a la conclusión que si estaban aptos  para poseer un ejemplar canino, pudieron desarrollar una relación armoniosa con su cachorro, hasta convertirlo en un ejemplar adulto, bien educado, obediente, equilibrado, cariñoso el cual nos acompañará por mucho tiempo satisfaciéndonos de muchas alegrías.

El ser humano tiene la capacidad de prever los acontecimientos futuros para bien o para mal”.