Comprender el estrés y la ansiedad en perros y gatos

Nuestros peludos amigos con frecuencia deben adaptarse a circunstancias y cambios que a menudo les causan estrés y en ocasiones ansiedad.  Identificar las situaciones de riesgo y entender bien la ansiedad y el estrés es lo que os queremos mostrar  con este artículo.

¿Qué es el estrés? 

Se denomina estrés al conjunto de reacciones que permiten que los seres vivos se adapten a una nueva situación (por ejemplo, una mudanza, un viaje en coche, un encuentro con otro animal, la llegada de un niño, etc.). El estrés incrementa la actividad en el sistema nervioso central (el cerebro), así como la secreción de hormonas  (adrenalina, cortisol, etc.). Estas reacciones fisiológicas permiten que el animal se adapte mejor a dicho cambios, mediante diferentes acciones: un aumento de la tensión muscular, la frecuencia cardiaca, la agudeza visual y la actividad cognitiva.

Por ello, puede constituir un factor positivo, ya que desarrolla en mayor medida el potencial del animal (es decir, el estrés permite que la adaptación a las nuevas situaciones se realice con éxito).

Por otra parte, dichas reacciones fisiológicas pueden conllevar consecuencias desagradables, como la hipersalivación o la estimulación del tránsito intestinal.

¿Qué es la ansiedad?

Cuando el estrés se prolonga durante un largo período de tiempo o se intensifica, puede constituir un factor negativo, ya que se supera la capacidad de adaptación del animal y éste se queda exhausto. Algunos animales son más sensibles al estrés y no se adaptan correctamente a las nuevas situaciones. La edad y el no haber experimentado nuevas situaciones con anterioridad reducen la capacidad de adaptación del animal. La ansiedad es uno de los efectos que con frecuencia se derivan de la incapacidad de afrontar una situación de estrés.

La ansiedad está asociada con la aprehensión que provoca una situación que el animal experimenta como negativa, o que éste siente como una amenaza. Los animales realmente experimentan malestar (temblores, vocalización) que a menudo se acompaña de manifestación físicas (hipersalivación, midriasis, micción, etc.). Cuando dicho estado persiste y no es necesario que se produzca un estado de tensión o una amenaza para que aparezca o persista dicho malestar general, se considera que la ansiedad es patológica.

 

Identificación de las situaciones de riesgo:

–          En relación con los perros, cualquier modificación de las condiciones de vida (por ejemplo, una mudanza, estancia en una residencia o unas vacaciones), los cambios temporales en su entorno (por ejemplo, ruidos inusuales (tormentas) o momentos de soledad), o los cambios en la rutina (cuándo se saca de paseo o cuándo se le da de comer), son algunas de las principales causas de estrés, que puede derivar en un estado de ansiedad.

–          Los gatos son más sensibles a la presencia de otros gatos en su entorno, a los cambios territoriales, al estrés de su dueño, a los espacios reducidos, los tratamientos veterinarios o las hospitalizaciones.

Del estrés a la ansiedad

Situaciones de estrés

Factores genéticos

–          Especie

–          Raza

–          Características específicas de cada animal

Aprendizaje en fases tempranas

–          Experiencias negativas específicas

–          Refuerzo involuntario

–          Castigo

Experiencias durante el desarrollo

–          Adopción en fases tempranas

–          Falta de estímulos específicos

–          Experiencias traumáticas

Falta de control e imposibilidad

–          Relación contradictoria entre el dueño y el animal

–          Uso incoherente de las órdenes

–          Falta de rutina

–          Cambios en el número de miembros de la familia

–          Cambios en el horario laboral del dueño

–          Mudanzas

–          Reformas en la casa

–          Llegada de otros animales a la casa

–          Presencia de otros animales en el entorno.

Ansiedad

Miedo ante personas extrañas

Agresividad en la clínica veterinaria

Ansiedad ante la separación del dueño

Malestar cuando se produce un desplazamiento.

Consecuencia del estrés inducido:

Cuando los perros y gatos se exponen en exceso a un estrés crónico o a una situación ansiogénica, pueden darse distintas reacciones orgánicas:

–          Reacciones neurológicas que provocan cambios comportamentales (por ejemplo, alteraciones en los patrones alimentarios, las conductas exploratorias o en los hábitos de micción y defecación);

–          Reacciones neurológicas, combinadas con reacciones humorales (liberación de adrenalina), asociadas con indicios inespecíficos: aumento de la frecuencia cardiaca y de la frecuencia respiratoria, midriasis, hipersalivación, aumento de la tensión arterial, síntomas musculares (temblores) o alteraciones cutáneas (por ejemplo, – Síndrome de Hiperestesia en la piel (Rolling skin síndrome) – o alopecia generalizada, resultado del lamido compulsivo).

Estos y otros síntomas (vocalizar, maullar, morder objetos o maletas, escarbar o presentar un estado de suciedad), pueden producirse en situaciones de estrés. Entre otras anormalidades que se han observado con frecuencia se incluyen las alteraciones del patrón de sueño, el lamido compulsivo de las patas, los trastornos alimentarios (bulimia, anorexia), las reacciones de miedo, la aversión al contacto y, en ocasiones, un patrón de mordeduras y/o arañazos por parte del animal. Todos estos síntomas pueden constituir un problema importante, tanto para los dueños de los animales como para sus familias. Por ejemplo, en perros que presenten un estado de ansiedad ante la separación de sus dueños, el trastorno más habitual (y también el más espectacular) se caracteriza por ladridos, un comportamiento destructivo y la eliminación inapropiada cuando el animal se encuentra solo.

Los síntomas más habituales son la hipersalivación, los vómitos y la diarrea.

Por ejemplo, el 40% de los perros que presentan estrés cuando se producen tormentas o truenos no controla la defecación o presenta diarrea en estas situaciones (Stafford K. 2008). Por otra parte, los perros que cohabitan en grupo (en especial en residencias caninas) pueden presentar alteraciones en el patrón de eliminación, motivadas por en estrés (Heiblum M. 2005).

En la mayoría de animales que padecen estrés se observa que las heces son de poca consistencia, lo que en la mayoría de los casos se debe a una mayor motilidad del colon (Ochiai T. 1990).

Recientemente se ha publicado un estudio en el que se examinaron 64 perros con síntomas digestivos que se clasificaron como “síndrome de intestino irritable” (Leib M.S. 2009). Estos perros defecaron, por término medio, 3,5 veces al día, y la puntuación fecal fue 2 (en dicho estudio, la puntuación fecal variable entre 1 = diarrea líquida y 5 = deposición normal). El 30% de los perros de la cohorte estudiada fueron expuestos a situaciones estresantes o que provocaban ansiedad. Los síntomas digestivos que presentaron dichos perros se asociaron con alteraciones del entorno, como por ejemplo, visitas de personas desconocidas, un viaje, unas vacaciones, una mudanza o una reforma en la casa.

Cómo establecer un diagnóstico:

El diagnóstico de los trastornos de comportamiento en perros y gatos, debidos a situaciones de estrés a ansiedad, se basa en una evaluación exhaustiva realizada por un veterinario.  Los antecedentes deberán recogerse de forma metódica y clasificarse de tal forma que se excluyan todas las posibles enfermedades que tengan una causa distinta a problemas de comportamiento (es decir, enfermedades digestivas, dermatológicas…).

De esta forma, se podrán establecer el historial comportamental del animal. Las tablas de puntuación del comportamiento (por ejemplo, la puntuación de la Evaluación de los Trastornos Emocionales en Perros (EDED), Pageat P., 1995), pueden constituir herramientas diagnósticas adicionales de gran utilidad, dado que son las listas más exhaustivas de las que se dispone, en relación con los signos clínicos que han de evaluarse.

Tratamientos convencionales:

  1. 1.        Terapia de comportamiento:

Esta terapia, que ha de ser dirigida por un profesional especializado, constituye la piedra angular del tratamiento de los problemas de comportamiento. El objetivo de la terapia es proporcionar alternativas que mejoren la capacidad del animal para hacer frente al estrés, así como incrementar su resistencia a estímulos o ambientes estresantes. Mediante dicha terapia se garantiza que puedan paliarse forma significativa las consecuencias negativas que sufre el perro o gato afectados, derivadas de las situaciones de estrés o ansiedad.

  1. 2.         Tratamiento médico:

Durante la terapia de comportamiento los profesionales pueden utilizar distintos fármacos para tratar problemas asociados con las situaciones de estrés o ansiedad:

–          Las benzodiacepinas (BZD)

Dichos fármacos tienen en común distintas propiedades farmacológicas: son ansiolíticos, hipnóticos, anticonvulsivos, relajantes musculares y, en ocasiones, provocan amnesia.

–          Feromonas 

La secreción de feromonas juega cierto papel en la comunicación “inconsciente” que se produce entre animales y puede provocar cambios comportamentales y neuroendocrinos. Los gatos desprenden feromonas faciales al ambiente y también las depositan en las personas, como mecanismo de reconocimiento y apaciguamiento. La feromona apaciguadora canina es secretada por las perras en período de lactancia, en concreto por las glándulas sebáceas situadas en el surco intermediario. Esta feromona apaciguadora calma a los cachorros mientras se adaptan al medio ambiente. Se ha demostrado que dicha feromona tranquiliza a los cachorros en cualquier situación estresante o nueva que afrontan, y que este efecto apaciguador persiste en perros adultos.