Hechizos lejanos.

Hechizos lejanos.

Soy un gato… Quiero andar por tu tejado, siempre. Dormir bajo la caricia del sol y sobre la blanca dulzura de sus senos de leche y miel. Soy un gato celoso, no compartiré tu tejado, ni con las sombras de las nubes, ni con los pájaros que te susurran melodías bonitas por las mañanas, ni con las estrellas que te dan su brillo por las noches, ni con los árboles que te lanzan sus hojas y los pétalos de sus flores marchitas.

Quiero vivir en tu tejado y en ningún otro lugar… Quiero seguir espiando por tu ventana, colgado y lleno con la esperanza de mirarte dormir. Te veo marchar y espero tu regreso, estirando el cuello y procurando no caer, aunque caiga de pie, porque, ¿de qué me sirven siete vidas si no las puedo vivir en tu tejado? Sé que no entiendes cuando te hablo, pero vivo enamorado de tus ojos y te lo digo con maullidos desafinados que no te dejan dormir."Jazz" por Martín Torres.

A veces, cuando te levantas por la noche, puedo sentir el sabor del whiskey que pones en la leche, la que me sirves en el platito de acero en la puerta de la entrada, y creo que es para que me duerma y no haga bulla… Pero lo que no sabes, es que me encanta dar pequeños pasos en tu tejado, cuando tú duermes, porque me gusta pensar que así sientes que estoy ahí, haciéndote compañía mientras sueñas.

El olor de tu cabello me embriaga, me llama y se cuela junto al vapor que sale de tu ventana, cada noche, antes de dormir, cuando te bañas; me muevo, despacito y agachado, hasta la orilla y suspiro, observando tus formas, cubiertas por el agua caliente, que cambia como cambia todo, como todo cambia, hasta que la ventana se empaña… Quiero andar por tu tejado, aunque mis dedos no te puedan escribir cartas de amor, pero mis ojos te llamen, brillando desde la oscuridad que contrasta con tu piel.

Sueño en esa noche, gloriosa y cálida, en la que olvides cerrar tu ventana, y pueda saltar y acariciarte, suavemente, con las puntas de mis garras, estremeciendo tu piel, anhelando que tus sueños se transformen en mí, y pueda ser tu almohada o dormir a tus pies. Hasta mientras…

                                                                                                                                        Martín Torres