The Uggy Truth

¿Ya vieron ‘The Artist’? ¿Todavía no? No se preocupen, aquí los espero…

¿Listo? En ese caso comenzaré de una buena vez con mi monólogo. Porque no quiero perder el tiempo divagando en preguntas existenciales. Tampoco voy a clavarme mucho en una crítica cinematográfica. No, ésta vez sólo quiero hacer una observación basada en un personaje emblemático del  susodicho filme. Y sí, habrá muchos spoilers… por eso la importancia de haber suspendido la lectura para introducirnos en mi marco de referencia y empaparnos del contexto. Así se logra una buena comunicación, ¿no?

El asunto se trata exclusivamente de Uggy, ese simpático Jack Russel Terrier de 10 años que se robó la película de “El Artista”. Un perro de orígenes humildes que fue rechazado por dos dueños debido a su carácter inquieto. Cuando estaba a punto de ser enviado a la perrera, fue adoptado por el entrenador de animales Omar Von Müller quien no sólo le dio un hogar, sino un empujón hacia la fama con participaciones en películas como What’s Up, Scarlet?’, Wassup Rockers’, Mr. Fix It’ y Water for Elephants’. Por cierto, no he visto ninguna de ellas, pero he corroborado que efectivamente aparece en cada una.

Uggy ha sido premiado e  invitado a eventos, programas de televisión y anuncios publicitarios. Acudió a la premiación de los Globos de Oro, desfiló en la alfombra roja del Teatro Kodak y cenó con Obama. Incluso, gracias a él, se estableció una nueva premiación para todos aquellos perros y animales que han dejado huella (literal y metafóricamente) en el mundo del cine: “El Collar Dorado”. Misma en la que fue nominado en dos categorías y ganó.

Sus ojos desbordados de [ponga aquí el sentimiento más conveniente] me recuerdan a aquellas otras criaturas que lograron obtener un espacio en Hollywood y en nuestros corazones. Tengo noción de ciertos personajes como Lassie, Rintintín o Flipper. Pero por ser de los noventas, sólo puedo hablar concienzudamente sobre Beethoven y Keiko.

Recuerdo esos destrozos de Beethoven, muchos de los cuales incluían litros y litros de saliva. Siendo sinceros, el San Bernardo nunca ha sido de mis favoritos. De hecho, su cara de bobo me recuerda mucho a mi actual dálmata, Silver, cuando mira al horizonte y un hilillo de baba resbala de su hocico. Verdaderamente enternecedor.

Allá por los lejanos noventas, cuando aún existía Reino Aventura, tuve la oportunidad de ver a Keiko. Esa orca que hizo llorar a cientos de sensibleros en ‘Liberen a Willy’ en esa inolvidable escena en que salta por encima de las rocas hacia su libertad. Luego, esa escena se convertiría en realidad años después cuando fue liberada en Alaska. Esa pobre orca, que ahora compadezco, murió de una pulmonía. Eso sí: murió libre.

Podría entrar en una discusión profunda sobre derechos animales. Sin embargo, requeriría toda una entrada especial y ahora no tengo los ánimos para ello. Quiero únicamente apuntar que nuestro amigable Jack Russel la hizo en grande. Su adopción, además de salvarlo de una muerte segura, fue la llave para un camino hacia la fama. No muchos perros corren con la misma suerte.

Mientras tanto, desearemos a Uggy un feliz retiro.

Lassie, Uggy y Rintintín juntos en la ceremonia de impresión de huellas en el Paseo de la Fama. We’ll miss you, Uggy!