Esos malditos gatos

La noche es fría y oscura. Hay una sola luz, que ilumina el camino que hay entre las tres cabañas recientemente construidas y la bodega, una casucha llena de trastes. La luna brilla, pero no me importa, hoy no tengo ojos para ella. Los gatos ya me siguen, saben lo que llevo en la mano, una bolsa llena de comida de gato, de la más barata que hay.

Se inquietan, tienen hambre, siempre la tienen. No entiendo por qué siempre tienen hambre. Cada vez que alguien se dirige a la bodega ellos van detrás, los muy malditos, uno negro con manchas blancas y el otro gris-rayado. No importa que hayan acabado de comer una buena porción de esa mugre comida de centavo, siempre quieren más. He llegado a la conclusión de que su estomago es elástico y siempre tiene espacio para más.

Llego a la bodega, es caliente y tiene una lámpara que arroja luz amarilla sobre todos los chécheres que hay dentro, y que revela la cantidad de basura que hay alrededor de los pocos objetos útiles. Los gatos están excitados, se enredan en mis piernas, se frotan, maúllan. Malditos, casi me hacen tropezar. Empiezo por lo primero, poner la comida en el recipiente. Es uno de esos frascos de plástico donde antes había dulces. El frasco es fácil de abrir, la bolsa no.

Intento e intento abrirla. La puta no se abre, tiene un nudo rompe huevos. Los gatos se impacientan, empiezan a maullar como locos. Golpean el plato de aluminio donde les pongo la comida, ya no quieren esperar más. Yo lucho con el maldito nudo, pero no logro entenderlo, y me doy cuenta de que soy un idiota. La bolsa es de esas delgadas que no cuesta un peso. No le haría falta al mundo, podría romperla, hacerla pedazos, dejarla hecha mierda, pero no, me resisto a la idea y sigo luchando con el nudo.

Pero los gatos ya están enojados. Maúllan cada vez más alto, pidiendo la comida a gritos. Me incomoda pensar que alguna vez fui un bebe que lloraba y gritaba por comida, me acojona la idea. Pateo levemente a uno de los gatos, pero no me hace sentir mejor. Y el puto gato no entiende el mensaje, y sigue maullando como un hijo de puta. Le doy otro puntapié, y sigue con lo mismo. Recuerdo que hace poco lo atropelló un auto mientras cazaba, le rompió las piernas traseras, aunque ahora puede caminar sin problemas. Me pregunto qué tan fuerte debo patearlo para que recuerde el impacto del auto y se calle.

Pero me entretengo con el otro gato. Parece más listo que el que pateo. Se calla apenas ve que a cada maullido le doy un ligero punta pie a su compañero. Espera sentado, y me mira, y siento que adivina lo que me pasa. Creo que si pudiera me diría “Hijo de puta rompe la bolsa”. Creo que en ese sentido es más listo que yo.

La bolsa por fin se abre y me doy cuenta de que pasaron como cinco minutos. Que desperdicio, en eso pude volver a mi cabaña y seguir mirando porno o leer basura en internet. Les doy la comida a los gatos. No dejo de pensar en que su estomago es jodidamente elástico y por eso siempre tienen hambre, o tal vez es que cagan mucho, pero no sé, nunca he visto una mierda de gato.

Vuelvo a mi cabaña y entro rápidamente. Si no lo hago un ejército de zancudos entrara y créeme, me tardare toda una noche en matarlos a todos, no tengo remedio, soy alérgico a los insecticidas. Pero me aplasto frente a mi ordenador. Es un puto cacharro, lo compré hace cinco años, pero me siento bien con él, pues por alguna razón nunca me ha fallado, y nunca me ha dado un pantallazo azul. Es curioso, los aparatos funcionan mejor conmigo. A la gente que conozco un computador no les dura un mes sin alguna falla, y se gastan un billete largo en técnicos que no se molestan en decirles que son unos idiotas al llamarlos por problemas de fácil solución. Es su trabajo, no los culpo.

Veo algo de porno. Eva, Eve, Dylan, Madison, Niki, Nicole, Amy, etc. Nombres comunes  entre las actrices porno. Todas ellas unas cuarentonas, y si no, a punto de serlo. Pero joder, están re buenas. Si viera una mujer así en la calle me pasmaría. No sé porque pero las actrices porno tienen un encanto sexual. No sensual, como si podría tenerlo una modelo de lencería, sino sexual, eso que te dice que están ahí solo para follar ¿Vulgar? Ojala pudieras escuchar a tu madre cuando habla con sus amigas y no estás presente. Créeme cuando te digo que las madres solo se avergüenzan frente a sus hijos, y aunque seas un adicto al porno, fumes, bebas y ya te hayas tirado a más de mil tías o tíos, ella te ve como un ángel, esa es la única razón por la que no lanza un madrazo frente a ti.

Y queda listo. Es fácil verlo irse, lo difícil es que tiempo después sigue saliendo ¡Puta madre! ¿Por qué no se va todo de una vez? Por suerte ya me voy a dormir. Pero aun no, falta el programa de chistes.

Un programa de radio en el que cuentan chistes de mierda, los mismos chistes cada día, pero son buenos, para que negarlo. Entre los conductores del programa hay una mujer. No tengo idea de cómo será, solo imagino que es bonita y que de seguro es mas lista de lo que parece. Se la pasa haciendo chistes de sexo, o mejor, siendo blanco de ellos. Me da lástima que ese sea su único papel ahí, porque de verdad que creo que es mejor que eso. Igual, me echo unas rizas inconscientes. En cinco minutos se me olvida cada chiste, y después de unos días no puedo recordar ninguno. Es lo hermoso de los chistes, que no puedes recordarlos todos y a veces uno que has escuchado mil veces te parece nuevo.

Eso me hace recordar dos personas. Uno era un chico del colegio. No recuerdo como se llamaba, pero la madre que era gracioso. Una vez me contó un chiste y me reí como dos horas. Yo tenía diez años y era mi primer chiste sexual, me reí tanto que me sentí un anormal durante casi un mes. Recuerdo que lo seguía a todas partes, era un niño agradable, hasta éramos amigos, pero un día, en medio de una clase, se quejó con el profe porque lo seguía mucho. Eso me marcó para siempre. Desde entonces no puedo seguir a la gente, me da “cosa”. Prefiero ser el líder, y en la u siempre lo soy, en los grupos de expo o en los talleres. No es porque sea un buen líder ni porque tenga un gran carisma, no, es porque parezco más inteligente que los que me rodean. Antes no me gustaba admitirlo, y cuando entré a la u creí que muchos serian como yo, pero me encontré en cambio con una manada de ignorantes. Por ahí hay varios rescatables, pero los demás se desgravarían una buena pasta para que les hagas los trabajos y los metas en tu grupo. Todos me conocen, saben que soy inteligente, que puedo escribir un ensayo o una reseña en treinta minutos, que puedo ganar los exámenes sin estudiar un culo, y por eso me buscan. Así me he levantado algunos billetes, aprovechándome de la idiotez de algunos.

El segundo tipo que recuerdo era un chico, también en el colegio, pero yo ya había cambiado de colegio así que el asunto era distinto. Era un colegio solo de hombres y yo ya contaba con quince años. Fuimos amigos hasta los diez y siete, cuando nos graduamos y nuestros caminos se separaron. Él era muy gracioso, más que el anterior, y tenía un carisma especial. Era el líder de nuestro “parche”, como le llamábamos entonces. Recuerdo que contaba muchos chistes, hacia bromas sexuales y era el don Juan. No voy a negar que era atractivo, joder, que si un hombre sabe que otro hombre es atractivo es porque realmente lo es, pero creo que exageraba un poco sus aventuras sexuales. Da igual. Una vez me retó a que me abriera mas el hueco de la poya, me daba un billete de baja denominación si lo hacía. Obviamente me negué, pero imaginarlo me dejó helado. En otra ocasión empezó a decir “chúpamela y te la chupo”, se convirtió en una moda. Luego nos llegó con una observación: “El marica que vende películas afuera puso una bien gay, fiesta travesti”. Desde entonces todos nos acusábamos unos a otros de haber comprado fiesta travesti, dios, que me reía incluso cuando me acusaban a mí, sobre todo porque yo había comprado pelis porno ahí antes. En verdad que extrañó a ese chico, tenía un gran don de gentes. No volví a saber de él.

Ya son como las once aquí. Mañana no tengo nada que hacer, así que puedo quedarme todo el rato. Estoy aburrido así que vuelvo a mirar porno. Tengo una carpeta de siete gigas llena de porno. Sé que parece poco, pero es bastante para mí. Me gustan sobre todo las imágenes, en especial en las que solo está la puta Cum Covered. No me gusta ver pollas en los videos ni en las imágenes. A veces me cabrea el porno, en verdad, prefiero ver solos o las imágenes y videos que van antes de la escena porno. Tal vez no lo sepas, pero el porno es la muestra explicita de sexo entre dos o más personas, por lo tanto el precalentamiento de las perras antes de coger pijas y las imágenes donde se tocan su celulítico cuerpo no cuentan. Leí por ahí que a videos en los que la mujer solo se desnuda y posa sexy se les llama sunday Classic. No sé si es verdad, pero no importa. Joder, creo que sé más de lo normal sobre porno.

Acabo de recordar que tengo un vaso con jugo a mi lado. Mientras fui a darle de comer a los gatos se calentó. Mierda, es de guayaba, así que caliente sabe a mierda, valga el sobre uso de la palabra mierda. Recuerdo muchas cosas mientras veo porno. Tengo las subcarpetas organizadas por el nombre de la señorita. Por ahí están las de nombres que ya dije antes, dios, que esa Eva está que arde. No me gusta mucho su porno, pero cuando llega al final siempre se lo echa en los pechos, dios, que es genial. Me gusta y debo ser sincero con el mundo. Carajo, que lo sepa san Pedro si es que he de morir mañana, aunque no crea en su existencia, pero soy virgen, la madre que sí. Me he matado pensando en cómo sería follar con una actriz porno cuando no he tocado a una mujer en mi vida. Soy un tonto.

Pero no te sientas mal por mí ni te burles, es mi culpa. Sé que me he perdido de mucho, eso no necesito recordarlo. Por ahí y por allá, fulano de tal y zutano de su puta madre hablan de la guarra que se han estado tirando, y los envidio. La verdad es que soy bastante feo. Bueno, no bastante, creo que en realidad solo soy feo, porque carajo ¡Hay hombres más feos que yo! Además soy aburrido. Ya te había dicho que soy inteligente entre comillas. Leo al año como mínimo cincuenta libros, y eso, porque el año pasado me leí Las Crónicas de Belgarath, los cinco libros, de las diez de la noche a las cinco de la mañana. Lo increíble es que aún no soy capaz de imaginar claramente a ninguno de los personajes e incluso me atrevo a visualizar a Polgara como una mujer gorda. No sé si culpar a Eddings o si leí muy rápido, pero no importa, recuerdo cada detalle de la historia, sobre todo esas partes demasiado infantiles para mi gusto.

Bueno, en lo que estaba es que soy feo y aburrido. A los jóvenes de mi edad les gusta el Reggaetón (acabo de darme cuenta de que el corrector ortográfico tiene la palabra Reggaetón en el diccionario ¡Mierda! Creo que Bill Gates merece una golpiza por eso), la Bachata (¡También en el diccionario! Este mundo se va a la mierda) La Salsa y demás porquerías a mi juicio (Aunque la Salsa no está nada mal, pero no deja de “no gustarme”). Yo mientras escucho de todo un poco, pero nada de lo anterior mencionado. Me gusta el soundtrack de algunas películas, y algo de Metal y Power metal nunca caen mal, y un poco de Bossa nova para relajarme. Me gusta la clásica, pero la de verdad, no como la putada clásica-pop de ahora, es una mierda. A lo que voy es que no tengo mucho en común con mi generación, por lo que los aburro. No me gusta el Facebook y no he ido a una “rumba” desde hace dos años. He engordado, lo que me hace sentir aun más feo, y me gusta llevar el cabello largo y alborotado, cosa que hasta donde sé me resta puntos. Me gusta un poco el anime, y según se eso no es cosa de feos, pero pues, solo comentaba que me gusta. Y claro, la lectura. Creo que soy inteligente, créeme, se un poco de todo, mas de unos temas que de otros, y tengo buen dominio de la palabra escrita, aunque aquí no se note por la rapidez con la que escribo. En fin, que no soy bueno socializando. Tengo pocos amigos de verdad, y los aprecio, pero amigas ninguna, y en mi familia creen que soy un gay de closet. Nada en contra de los gays ni de los closets, el problema es que soy hombre, que me gustan las mujeres y que sueño con cogerme a mi actriz porno favorita, pero soy demasiado feo y aburrido, y no tengo una pizca de carisma en mis 187 centímetros de estatura. Maldición, me gustaría poder ir a un puticlub y pagar por algo de cariño, pero aun cuando tengo el dinero en la mano no soy capaz, y me doy asco al saber que me importa el que dirán.

Son las doce, el programa de radio termino. Me gustó esta vez. Ha sido gracioso, y por ahí escuche dos chistes nuevos. Uno es que un hombre va con tres plátanos en la mano y se sube a un bus. El bus va hasta la madre de pasajeros joputas por lo que al cabrón le toca ir de pie. No puede agarrarse del tubo con los plátanos en las manos así que se los echa al bolsillo. Uno en cada lado y el otro en el bolsillo de atrás. En una vuelta se le daña uno cuando se estrella con el culo de otro pasajero, el otro igual, así que el tercero, el de atrás, lo coge bien duro y con fuerza. Después de un rato un tío enorme atrás le toca la espalda y le dice “Señor, yo me bajo más adelante”, el hombre responde “pues a mí que me importa”, A lo que el tipo enorme responde “Bueno, pero necesito que me suelte la poya”. Ajajajajajajajaja ¿Verdad que no es gracioso cuando lo cuento yo? Le doy mucha importancia al valor descriptivo, cosa que no siempre es buena en los chistes, y además puse la palabra poya justo debajo de que me importa. Apuesto a que leíste poya antes que que me importa.

Ya son las doce y me dio sueño. Estoy demasiado aburrido como para seguir escribiendo. Seguiré mañana, tal vez, si se me ocurre algo como ahora. Es increíble pero todo esto lo escribí porque me encabrone con uno de los gatos, que casi me hace caer cuando se me atravesó en el camino a darles comida. Siempre lo hacen, se atraviesan. No intentan pasar al lado tuyo, no, tienen que enredarse en tus pies para hacerte caer. Me gusta pensar que lo hacen para que de verdad me caiga y así la comida de gato quede en el suelo y se la puedan comer toda de una vez. Ni modo, habría que comprar otra bolsa el día siguiente.

No sé, si no los quisiera tanto tal vez los mataría. Comprobar que hacerlo de verdad da siete años de mala suerte es muy tentador, pero prefiero conservar el gato.

 

 

Si te gustó, estate pendiente, seguiré subiendo mientras este mundo se vaya a la mierda.