El mar infinito

Siempre que necesito paz, relajarme, evadirme, me viene el deseo de mirar hacia el mar infinito. No sé porqué. Quizás me vienen recuerdos de mi ciudad natal, Latakia, a orillas del mar.

Aunque guardo pocos recuerdos pues allí viví poco tiempo, y de eso hace más de 40 años, me vienen siempre a la memoria las noches en las que salíamos a cenar a algún restaurante al aire libre con vistas al mar, respirando la brisa de la noche y bajo las estrellas del cielo … mientras, esperaba ansiosa mi plato favorito: pollo asado. Bueno, quizás alguien esperaba que mencionara algún plato más típico, pero, es que esos pollos asados (supongo que asados con leña) eran de un sabor muy especial.

En Damasco, sin embargo, mi plato favorito eran los pinchos morunos (lahma meshwiya). Unos pinchos con trozos de carne o con carne picada. Estos últimos eran mis preferidos. Ver cómo los asaban en las terrazas, oler las especias, saborearlo todo, era un verdadero placer para todos los sentidos. Las mesas siempre estaban llenas de familias reunidas para cenar, pues los sirios son muy familiares en su vida social. Los niños correteabamos tranquilos, como suelen ser los niños sirios en general, nada revoltosos para no molestar a nadie y, para completar el escenario, algún gatito debajo de las mesas o merodeando por los alrededores, esperando que algo caiga de la mesa.  

Enfin, eran años de inocencia y tranquilidad. Ahora no sé qué será de mi Latakia ni de mi Damasco después de la guerra.

No sé si estoy pensando o solamente soy

Fotografía de la playa de Latakia hace unos 20 años