Otra docena de gatos

Gatos, muchos gatos y

Otra docena de gatos.

Treinta y cinco, digamos.

O tal vez doscientos diez.

De todos los colores.

Negros, blancos,

Blanquinegros,

Grisáceos

Y dos o catorce anaranjados.

Grandes, pequeños.

Enormes y diminutos.

Por todas partes.

Destellos de pupilas oblongas

En los rincones,

Bajo las camas,

Dentro del fregadero,

Balanceándose en la lámpara.

Por todas partes.

Y colas y bigotes

Y pelos, pelos, pelos

Flotando en la

Media luz que se filtraba

Por las ranuras

De la persiana.

Y ella por allí

De un lado a otro,

Acariciándolos uno por uno,

Cocinando sardinas

Para ellos,

Preparando sus

Pequeñas camitas,

Hablándoles como si fueran

Humanos,

Hablándoles

Como si fueran niños,

Como si fueran hombres,

Como si pudieran entenderle

Y como si pudieran quererle

Igual que ella los quería

A ellos.

Me desperté

De un salto,

Con olor a almizcle de gato

Onírico

Caracoleando

Debajo de mi nariz

Y el escalofrío

De un futuro desagradable

Empapándome en sudor.

Dios.

Sacudí la cabeza para

Deshacerme de la

Pesadilla.

No, ni de coña,

Decidí sin dudar.

Me levanté,

Me lavé los dientes,

Me duché y me vestí.

Luego bajé a comprar

La prensa

Y la leí de cabo a rabo

Tomándome

Un café en el bar.

Finalmente volví a casa,

Tomé un rato el sol en la terraza

Y solo después,

Como por casualidad,

Me acordé de mi gato.

Lo busqué y lo encontré

Sobre la cómoda del salón.

Dormitaba al sol y sombra

De las 11 de la mañana.

Respiraba despacio,

Respiraba tranquilo.

Parecía feliz.

Feliz como lo puede

Ser un gato, quiero decir,

En el sentido de

Despreocupado.

Fui a la cocina

Y abrí una lata.

Comida para gatos.

La vacié sobre el plato

Del suelo

Y esperé a que el olor

Hiciera efecto.

Al poco lo vi asomar

La cabeza

Por la puerta de la cocina.

Se acercó al plato,

Maulló brevemente

Y se puso a comer.

Ni siquiera me miró.

Yo sí lo hice, unos segundos,

Mientras pensaba en

Cosas más importantes.

Mucho más importantes.

Por debajo de todas ellas,

En una línea de intelecto

Mucho menos relevante,

Tal vez –solo tal vez-

Pensaba

Que me gustaba mi gato.

Y que lo quería.

Pero simple y absurdamente,

Sin drama, sin pasión,

Sin proyectar necesidades

Más complejas

Sobre un felino doméstico.

En fin, como uno quiere

A su gato

Cuando, por suerte,

No es lo único

Que tiene en la vida.

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