LA PELEA DE NUESTRO ROTTWEILER

“Llegué a mi casa cuando tenía dos meses, mis papás eran dos gringuitos que no llegaban a los veinte años y vinieron a vivir a El Salvador, Yo llegué a la casa como regalo de San Valentín, para mi mama.

Desde el primer momento me amaron muchísimo, me enseñaron a dar besitos, a dar los cinco y a sentarme. Mi dieta era a base de salchichas y huevito. mis papás eran amigos del instructor del gimnasio, Jorge y a veces cuando ellos salían de viaje, Yo me quedaba con él.

Jorge entonces me llevaba a su casa ahí mismo, en la colonia, a jugar con Mumtaz, una perrita Rottweiler igual que Yo y de mi edad, muy consentida y mandona. Lo único que no me gustaba era Puka, el otro perro, más grande que Yo, un viejo enojado y gruñón.

Nos pasábamos los días jugando la Mumtaz y Jorge nos llevaba a pasear y al gimnasio, mientras estaba de turno.  Esa casa me gustaba, todos me querían, pero también amaba a mis papás.

Un día mis papás hablaron con la empleada, le dijeron que se iban y me dejaron con ella, me llevó a su casa y me amarró en el patio, me dejaron afuera y ya no habían salchichas ni huevito para comer, qué triste me sentí, especialmente porque no sabía donde estaba, ni porqué.

Pero de repente una mañana, escuché voces, eran mis papás con Jorge!! Me desamarraron, me subieron al carro y me llevaron a la casa de Jorge. Mis papás me dijeron cuanto me querían, pero tenían que regresar a su país  y me dejaban con Jorge, para que en su casa me quisieran y me cuidaran.

De eso ya pasaron cinco años, el papá de Jorge me adoptó y me cuidó y es ahora mi papá. He sido muy enfermo desde que era un bebé, así es que si me hubiera quedado en la casa en donde estaba, no hubiera sobrevivido.

Voy al médico muy seguido. Me sacan sangre, me puyan, me dan medicinas, me ponen gelatina en la pancita y después me la planchan, a veces estoy muy contento, pero otras veces estoy triste y cansado. Mi papá, siempre está ahí conmigo, hasta novia me buscó una vez, pero a mi ella, ni me gustaba.

Desde que la Mumtaz y Yo éramos unos bebés, él nos llevaba a correr todos los días y ahí toda la gente nos conoce en la colonia. Mi mamá siempre se ha quejado de mi, porque ensucio, me hago pis y estoy muy enamorado de la Mumtaz y la Galita.

Pero también ha sido buena conmigo, me preparaba calditos cuando me enfermaba, a veces se pasa la noche despierta sobándome la pancita y diciéndome niñito grandote.

Hace unos meses, se me inflamaron todos los ganglios del cuerpo, el doctor le dijo a mis papás, que tengo cáncer linfático, mi papá no creyó, pero mi mamá y Yo si, porque desde entonces, me siento muy mal, hasta hoy, me daban medicinas y me ponía mejor, pero a veces no solo estoy cansado, si no muy triste.

Mi papá vive en otra casa ahora, pero viene a verme casi todos los días, me baña todas las semanas y siempre salíamos a correr. Hace casi dos semanas, perdí el apetito y me puse mal del estómago.

Mi mamá pensó que la comida tenía algo que ver porque los demás también se pusieron mal, pero los días pasan y Yo he perdido toda mi musculatura y se me ha aflojado el pellejito.

Mi mamá me saca a pasear los fines de semana, con ella, no corro, si no que camino, antes no se animaba a hacerlo, pero desde hace más de un año, empezó a sacarme y ahora me porto bien, no la jalo, ni trato de pelear con otros perros, además la divierto mucho.

He sido un perro muy grande y muy fuerte, pero he sido muy amoroso, mi mamá me dice “pollito”, porque soy muy dulce, también dice que soy muy listo, porque no solamente doy los cinco y besitos, también aprendí a abrir la refrigeradora sacar cosas para comer y luego la cierro.

Si me encuentran comiendo algo que no debo, también me hago el muerto, tan bien lo hago que una vez pensaron de verdad que había estirado la pata, pero es que no podía moverme porque escondí la bolsa de mayonesa debajo de mi.

Mi mamá se reia mucho de mí, también cuando entraba llorando a su cuarto y ella no sabía qué me pasaba, se levantaba y se iba detrás de mi y se encontraba con que Puka o la Mumtaz, me habían quitado mi colchita.

He sido muy feliz en esa casa, he tenido mucha atención y he amado a mi papá, con todo mi corazón, ahora cuando se acuesta a la par mía y trata de darme ánimo, me siento muy mal, porque no quisiera verlo triste.

Ya casi no me levanto, mi mamá todavía me lleva a caminar, olfateo cada cosa,  pero llego a mi casa y ya no tengo ánimo ni de comer la comidita especial que mi papá me lleva.

Recuerdo como corríamos antes con mi papá, salíamos de la colonia, cuando nos soltaba en el parque, se peleaba con los vigilantes, porque no nos querían dejar jugar en las canchas, tantas veces que me llevó a donde el doctor,  cada vez que me baña y siento que ningún perrito del mundo ha podido ser más feliz que Yo.

Pasaron dos meses desde que diagnosticaron cáncer linfático, ahora tambien me encontraron un tumor en el bazo, dice el veterinario que es cuestión de tiempo.

Mi papá me llevó a su casa y pasé con él casi quince días, ya no tengo fuerzas, casi ni puedo comer, pero hago el intento, porque él se levanta casi de madrugada a darme mis pastillitas y mi comidita, luego se va a volar y regresa corriendo a darme mis medicinas y a ver cómo estoy.

Mi mamá se espantó de verme, perdí los músculos, la masa corporal y parezco huesitos, también tengo una piernita inflamada, aún así llegué lo más contento que pude a despedirme de ella y de mis hermanitos.

El sábado 4 de agosto, cinco años y dos meses después de llegar a vivir como otro miembro de la familia, mi papá tomó la decisión y me llevó a donde el veterinario, ya nada más podía hacer por mí que darme un descanso, después de haber sido tan valiente, dice mi prima que voy para “la granjita” de mascotas, dicen las amigas de mi mamá que voy a estar con mi hermanita Beijin”…

No puedo describir cuanto puede uno llegar a querer a un animal, no puedo decir la sensación de verlo alegre a pesar del dolor que debe haber estado pasando, no puedo explicar lo difícil de verlo partir poco a poco.

De un año de edad tuvo su primer padecimiento, los huesos crecieron demasiado rápido para su edad y se le dió un tratamiento con cartílago de tiburón, para reforzarlo.

Se le inflamaba la próstata durante los celos de las perritas, por lo cual se empezaron a inyectar para evitarle el malestar.

No lo castramos nunca, a pesar que fue una recomendación del veterinario.

Cuando le diagnosticaron cáncer linfático, tenía muy altos los globulos blancos y se le habían inflamado los ganglios del pecho, patas traseras, patas delanteras, cuello y abdomen.

Se trató con esteroides por casi un mes y mejoró mucho.

A los dos meses, perdió el apetito y notamos que se le había inflamado el abdomen, se le hizo una ultrasonografía y tenía un tumor en el bazo. La veterinaria recomendó, darle un tratamiento eventual y nos pidió hacernos a la idea, que lo habíamos perdido.

Le volvieron a recetar esteroides, solamente para evitar un poco la inflamación y el dolor, no le dejaron tratamiento contra el cáncer porque era prácticamente metástasis.

Comía lo necesario, a veces pollo, a veces comida en lata, a veces leche, había que buscar qué quería, despues de un mes, perdió toda la masa corporal y se inflamó de una pierna.