La más buena del mundo

En este momento del año muchos ‘amos’ abandonan a sus mascotas. Es ahora, cuando se quieren ir de vacaciones, que se dan cuenta de que un animal es una responsabilidad y no un juguete. Cuando lo cogieron, en la mayoría de los casos en Navidad, les parecían monísimos, pero ahora los encuentran un coñazo y no se cortan en dejarlos en medio de una autopista para que les atropellen o abandonarlos en el monte para que mueran de hambre. En cualquier caso hay muchos tipos de abandono.

A mi pobre Phoebe le ocurrió como a la cocker de La Dama y el Vagabundo, en cuanto nació mi primer hijo ocupó un segundo lugar y ahora, que tiene a tres por delante, es la colista de grupo. No le falta de nada, tiene su comida, está limpia y al día con los controles veterinarios, pero no tiene lo más importante: los mimos, la atención… Aun así ella siempre responde  con alegría cuando te ve llegar a casa, agradece cualquier gesto de cariño y, lo que es mejor, los corresponde. Los que la conocen saben que no miento cuando digo que es la perra más buena del mundo. Ya tiene trece años y está sorda como una tapia pero sigue pareciendo un cachorrito cuando se acerca contenta a recibirte. Nunca protesta, nunca reniega, jamás se enfada, no te monta ningún pollo, no te decepciona y asume resignada su puesto de colista.

Este es un homenaje a todas las mascotas y en especial a la mía, la perra más buena del mundo.