UN AMOR LÍQUIDO.

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“Amor Líquido. Zygmunt Bauman feat. Un día de lluvia”
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“Mejor lo dijo Goethe; Lo cercano se aleja.
En el jardín las rosas dejan de ser las rosas y quieren ser La Rosa”
Jorge Luis Borges

Un Amor Líquido.
Por Naimed Sayarba

Aquella mañana de verano, en las entrañas de la Gran Tenochtitlan, un sol intenso y brillante nos invitó a salir a pasear por la ciudad. En un mundo donde todo es suceptible de cambio, y más aun en la esquizofrénica metereología de agosto, a nosotros, ilusos caminantes, ni se nos pasó por la cabeza que el clima pudiese cambiar con tal brusquedad. Derivando por la ciudad caimos al frescor del parque México en la Colonia Condesa donde nos sentamos en un bancal con techito a contemplar el espectáculo de los cuidadores de perros que suelen llevar a esos jardines a sus manadas de canes. Embobados por la inesperada escena casi ni nos percatamos de las primeras gotas de la tormenta que desató la sincronia de esta historia.

De pronto, la lluvia se torno con una fuerza tal, que nuestro refugio empezó a parecer un barco a la deriva y nosotros, pasajeros a punto de saltar a las profundidades de esa tormenta. Ahí, mi amiga dice que comenzó a pensar en “aquello de lo liquido” y en las canas de un tal Bauman.  Yo, a su vez, para no pasar frío, dejaba volar mis pensamientos hacia un pasado muy reciente, donde en otro día de lluvia, amaba con entrega y pasión a cierta Hada sobre una cama prestada en una charca inhundada. ¡Al chile! ¡Vámonos! -dijo una de mis cuatas-Saltamos, corrimos, y la lluvia nos atrapó, empezó a calarnos tanto que decidimos parar en un refugio provisional al amparo de un soportal. Como no parecía amainar y ya estabamos empapados retomamos a la carrera nuestra deriva acuatica. Finalmente llegamos a un Café donde resguardarnos y tomar algo caliente, entre que suponíamos el Dios de la lluvia nos iba a dar chance. Ahí, al calor de un Capuccino con corazón de nube de leche, encontré un periodico donde entrevistaban a un tal Zygmunt Bauman, quien hablaba sobre la identidad en la modernidad líquida y sobre algo que llamó poderosamente mi atención; el amor líquido.

Amor líquido es un concepto creado por el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, desarrollado en su obra Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos, para describir el tipo de relaciones interpersonales que se desarrollan en la postmodernidad. Éstas, según el autor, están caracterizadas por la falta de solidez, calidez y por una tendencia a ser cada vez más fugaces, superficiales, etéreas y con menor compromiso. Aunque el concepto suela usarse para las relaciones basadas en el amor romántico, Bauman también desarrolla el concepto para hablar en general de la liquidez del amor al prójimo.

Bauman plantea que en la modernidad líquida las identidades son semejantes a una costra volcánica que se endurece, vuelve a fundirse y cambia constantemente de forma. El autor plantea que éstas parecen estables desde un punto de vista externo, pero que al ser miradas por el propio sujeto aparece la fragilidad y el desgarro constante. Se hace necesario hacerse con una identidad flexible y versátil que haga frente a las distintas mutaciones que el sujeto ha de enfrentar a lo largo de su vida.

La felicidad se ha transformado de aspiración ilustrada para el conjunto del género humano en deseo individual. Y en una búsqueda activa más que en una circunstancia estable, porque si la felicidad puede ser un estado, sólo puede ser un estado de excitación espoleado por la insatisfacción. El exceso en los bienes de consumo nunca será suficiente. [ Via Wikipedia ]

Mis amigas me sacaron de mi lectura diciendome que ya no aguantaban más, que total estabamos empapados y que la lluvia no parecia querer descansar, asi que dijimos aquello de “ni modo, de perdidos al río” y nos lanzamos a nadar. Caminando empecé a pensar que la lluvia sólo te molesta cuando estas seco, pues cuando estás totalmente mojado, tu cuerpo empieza a asimilar esa nueva “dimensión” y la mente empieza a trabajar, y a reorganizarse, a adaptarse a esa nueva realidad. La lluvia empezaba a gustarme. Lo malo se convertia en bueno. Disfruté la caminata como nunca. Estaba empapado pero ya no quería que acabará la tormenta. ¡Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva!. De esta forma, aprendí algo importante; nada es para siempre, ni lo malo ni lo bueno, ni el sol, ni la lluvia, nie el amor, ni la soledad, ni el hambre ni el ayuno, ni el sueño ni la vigília, y debemos recordar esto siempre, grabarlo a fuego en nuestras desgastadas memorias de Teflón, pues es necesario adaptarse a los cambios de la vida por muy bruscos e inesperados que sean. Buscar siempre el lado bueno y constructivo de las cosas y no aferrarse al presente, proyectándolo en el futuro. Mucho menos cargar la responsabilidad de nuestra felicidad sobre el ser amado, o sobre cualquier otra cosa que no seamos nosotros mismos. Quedarse con lo bueno, con el milagro de lo dado, de lo recibido. Cultivar esos frutos con esta lluvia. Comer de aquella cosecha. Saberse agradecido. Amar sin recibir nada a cambio. Aprender que uno sólo conserva lo que no amarra. Inventarse quimeras si es necesario. ( Oh! )

Cuando por fin amaba la lluvia, la tormenta cesó, y un sol tímido acarició la piel rugosa de la ciudad. Recordé aquello de la busqueda del punto medio de la que hablaba el Buda, aquella máxima que decía: “Quien pregunta se confunde, quien responde se confunde”. Cuando subímos a la casa para secarnos y agradecer a los diositos una sopa caliente, se cerró el ciclo sincrónico de esta historia; un amigo habia comprado un documental en un tianguis: “Amor Líquido”, entrevistas con Zygmunt Bauman. Yo, comenzaba a derramarme lento y felíz por los desagües de este cansado corazón.

Coda: Posesión del Ayer, de Borges
http://www.letraslibres.com/pdfmex/96333