La caída del criadero Lady Di

¿Cómo pasó de las “manos negras” del narcotráfico a las “manos negras” del Estado?

Por: Redacción Mundo Caballos
A comienzos de los años 90, en las ferias equi­nas, más de tres mil millones de pesos en caballos desembarcaban de un sólo camión proveniente del cria­dero de Elizabeth Montoya, alias “La Monita Retrechera”.

La hacienda Ladi Di cuenta con algunos de los mejores ejemplares del país. Sin embargo, no han vuelto a ser exhibidos. Por: Redacción Mundo Caballos.

Cuando el vehículo de la fin­ca La Soana, más conocida como hacienda Lady Di, par­queaba en los embarcaderos de las plazas, los montadores de los demás criaderos sólo miraban las pesebreras y ha­cían cuentas de las edades de sus animales para saber en qué categorías no tendrían oportunidad.

En esos felices años 90, el criadero Lady Di tenía los mejores caballos de paso fino del país, pero, además, era ejemplo de eficiencia y lujo. En sus diez fanegadas contenía 50 pesebreras en la­drillo, un laboratorio para la comercialización de esperma de sus campeones, corrales para descanso y un picadero cubierto, en el que se reali­zaban innumerables mítines por parte de su propietaria.

“Es difícil olvidar esa época. A la finca llegaban muchísimos carros y hacían unas fiestas que duraban días”, cuenta Jo­hana Arévalo, trabajadora de un restaurante en el que, por años, se alimentaron los empleados del criadero.

En ese entonces, todas las personas del mundo de los caballos sabían que Elizabeth Montoya era la propietaria de la hacienda Lady Di. Sin embargo, no fue sino a finales de 1995, después de hacerse pública su actividad delictiva y su amistad con el entonces Presidente de La República, Ernesto Samper, que Colombia puso sus ojos en las propiedades de “La Monita”. Por supuesto, su pomposo criadero atraía más miradas que ninguna otra.

Antes de convertirse en ese narcótico centro de atención nacional, el criadero había sido comprado por Montoya en Tuluá, Valle. A la postre, lo trasladó al municipio de Cota, Cundinamarca, lugar donde prosperó al punto de ocupar los primeros puestos en el escalafón nacional de criade­ros de caballos criollos. No obstante, la publicación de los nexos de su propietaria con los hermanos Rodríguez Orejuela, cabezas visibles del cartel de Cali, puso en duda la reputación del criadero. Este sería el primero de una serie de golpes que recibiría el Lady Di.

“Con trampa o sin trampa, los caballos de la monita re­trechera siempre ganaban. No había nada que hacer; cuando no era por jueces comprados, era porque los caballos eran muy buenos”, recuerda Javier Alzate, ve­terano de las exposiciones equinas que aún desempolva las cintas de segundo puesto y campeonatos reservados que ganó por culpa de los ca­ballos de la hacienda Lady Di, cuando competían.

A este golpe en la imagen habría de sumarse la muer­te de su propietaria. El 31 de enero de 1996 “La Monita Retrechera” fue asesinada en su apartamento de Bogotá, en un caso que aún no se ha acabado de contar. La muer­te de Montoya y los avances en la investigación de la pro­veniencia de su dinero termi­naron en una larga extinción de dominio. Con el tiempo, el Lady Di pasó a manos del Estado.

La hacienda contaba con una de las mejores instalaciones de la sabana. Por: Redacción Mundo Caballos.

“En ese tiempo teníamos los mejores caballos y en la fin­ca nunca faltaba nada. Yo salí de la finca cuando el ejército la cogió. Después de eso, el criadero se acabó”, recuerda José Barón, ex montador del Lady Di, que, aún con ayuda de sus dos palafreneros, no alcanzaba a trabajar en un día todos los animales que pastaban en la hacienda.Con la muerte de “La Moni­ta”, la hacienda empezó a ser administrada por la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE), pero las barreras en la investigación y los alega­tos de familiares de Elizabeth Montoya y su esposo, Jesús Sarria, por supuestos dere­chos sobre los bienes, ralen­tizaron el proceso.

Fue sólo hasta 2006 que la DNE pudo inventariar la pro­piedad, controlando, de ahí en adelante, el predio y los animales que allí se encon­traban. Algunos de los cam­peones incautados estaban valorizados en más de 500 millones de pesos cada uno. No obstante, administrada por la DNE, sin montador, sin propietario y con mala reputación en el gremio, la hacienda Lady Di no sopor­tó mucho tiempo. En pocos años desapareció del escala­fón nacional.

“La DNE mantenía bien a los caballos, pero nunca los volvió a sacar a ferias”, cuenta Edgar Borraes, veterinario equino que frecuentó la hacienda a comienzos del nuevo siglo. “Los soldados no saben de caballos, por eso el criadero ya no es ni la sombra de lo que fue”, asegura.

Pero la historia no termina ahí pues el progreso de Cota también golpeó la hacienda en los últimos años. El crecimiento municipal hizo necesaria la construcción de una variante que agilizara el tránsito de vehículos de los municipios colindantes y de la vecina ciudad capital. La variante atravesó a la finca por la mitad, convirtiendo parte de su terreno en un botadero de desechos de construcción.

Así, reducida a la mitad y sin exponer sus animales, a la hacienda sólo le quedaban por perder sus lujosas instalaciones. Los agricultores de un predio vecino, atestiguaron el ardimiento del lujoso su picadero, donde años antes se realizaron las reuniones de “La Monita”. Las versio­nes sobre el incendio varían y van, desde que un militar borracho fue quien inicio el fuego, pasando por un simple corto circuito, hasta una retaliación por ordenada por narcotraficantes. El caso es que, en el 2005, el monumento a la belleza campestre fue consumido por el fuego.

Actualmente, una guardia de 5 hombres y una impenetrable barrera de pinos, cuida de la finca y, aunque la actividad de la ha­cienda es normal: los labora­torios están funcionando, se siguen exponiendo caballos y se venden frecuentemente animales y saltos, las personas que la conocieron aseguran que hoy, la hacienda Lady Di, no es más que un gran nombre.

***

Este es sólo un ejemplo de cómo se derrumban buenos criaderos colombianos a causa de la mala administración del Gobierno. Si las instituciones públicas no están preparadas para manejar una empresa de este tipo sería mejor que realicen capacitaciones o contraten personas calificadas.