Salvándole la vida a una mascota

Hace un tiempo, a mis amigos y a mí, nos llegó por Facebook una invitación a una rifa cuya finalidad era conseguir dinero para pagarle a un veterinario por la intervención médica de un perro. Si mal no recuerdo, el costo de esta intervención fue de cuatrocientos mil pesos, lo cual no es una suma menor para mí. Esa invitación me llevo a dar vueltas por internet buscando distintos casos sobre gente que llegó a gastar millones en pos de la salud de su mascota. Al igual que mis amigos, sería capaz, si tengo los medios, de invertir una cuantiosa suma de dinero en mi mascota si esta lo necesitara, y estaría orgulloso de eso. El asunto es que, gracias al exhibicionismo de Facebook, esta rifa no fue poco comentada, apareciendo así diversas posturas y opiniones con respecto al asunto de invertir tanto dinero en un animal.

Es así como surgen de inmediato los comentarios que alegan que no es bueno gastar tanto dinero en una mascota. Dicen que es tonto hacerlo pues se pudo gastar en otra cosa, incluso en algo mucho mejor que en intentar sanar un animal. Un buen ejemplo de esto es haber gastado todo ese dinero que se destinó para sanar la enfermedad de un animal, sanando la enfermedad de una persona.
Ciertamente esta posición tiene bastante de racional (y la encuentro bastante lógica y buena), pero para ser concordante con ella debemos admitir que el principio que está detrás rige para todas y cada una de las cosas en que los humanos destinamos el dinero, y no solamente en elegir destinarlo entre un animal o una persona. Nuestro país no es el más rico del mundo pero aun así podría decirse que nos las arreglamos para consumir cosas medianamente ostentosas. Con cosas ostentosas no me refiero necesariamente a mansiones (que las incluye) sino que desde tecnología como celulares, IPhones, hasta fiestas de cumpleaños, graduaciones, matrimonios, etc.; y todo este dinero pudo haber sido donado para la gente que sufre de hambruna en el mundo. Incluso entre las cosas en las que gastamos el dinero podemos encontrar diferentes grados en que se puede invertir de mejor modo este. Es decir, parece mucho más lógico, racional y rentable gastar X cantidad de dinero en un par de zapatos que en una noche de fiesta. Y qué decir de la gente que tiene mucho dinero y termina gastándolo en lujos que ya están muy lejos de la necesidad y la practicidad. Todo y cada uno de los pesos que gastamos en nuestra vida pueden, en un cien por ciento de las ocasiones, ser mejor invertido en otra cosa. Aun así solemos gastarlo en lo que nosotros deseamos, y si es tan válido comprarse un auto de lujo con nuestro dinero, así como salir de fiesta con él o comprar un nuevo par de zapatos, es igual o más valido gastarlo en una mascota (y me parece un acto muy admirable el destinarlo a sanar una enfermedad de esta).
Hasta ahora mi argumentación gira en torno a la multiplicidad de cosas a las que podemos destinar el dinero y lo mejor o más loable que es elegir algunas de ellas por sobre otras. Aun así creo que el mejor argumento para apoyar la inversión de cualquier suma de dinero en salvar la vida de una mascota es el amor.
Podemos ver todos los días por la televisión que en el tema de salvarle la vida a una persona se puede gastar una gran cantidad de dinero. Para esto solo debemos imaginarnos el caso de una madre y su hijo enfermo de cáncer. La madre gastará cualquier suma de dinero con tal de salvar a su hijo y aun así podemos decir que ese dinero pudo haber sido mejor destinado de una u otra forma. Por ejemplo, todo ese dinero que se usó en el tratamiento del cáncer era suficiente para tratar a una gran cantidad de otros niños cuyo diagnóstico no comprometía un procedimiento tan caro, es decir, el bien que se enfocó en un individuo pudo haber sido un bien enfocado en múltiples individuos. Podemos complicar más la situación pensando que el niño tenía un cáncer terminal, por lo cual todo ese dinero fue “gastado en vano” mientras que se pudieron comprar cientos de inyecciones contra la malaria para una comunidad de aborígenes africanos, los cuales finalmente murieron pues nunca llego esa ayuda humanitaria. De todas maneras, una madre que gasta cuantiosas sumas de dinero para controlar el tratamiento del cáncer de uno de sus hijos no pensara que está haciendo algo incorrecto al no usar ese dinero en el tratamiento de muchos otros necesitados en múltiples condiciones. De hecho, ella, junto a todos nosotros, nos sentiremos muy felices y ensalzaremos su devoción y amor con el cual lucha contra la enfermedad de su hijo.
En este caso, la madre puede justificar su acción por el hecho de que es su hijo y tiene una relación con él, pero por sobre todo, porque lo ama mucho. Si podemos aplicar este caso a todos los humanos, es decir, el actuar por amor, es totalmente valido que también se aplique a las mascotas. Después de todo es innegable que las personas aman mucho a sus mascotas.
Aun así pueden contraargumentar diciendo: “bueno, pero una persona es más que una mascota” –ontológicamente superior (no quiero usar tecnicismo en el blog). Esto podría ser verdad (porque para mí decir que esto es verdad es comprometerme de lleno con una postura filosófica la cual es una teoría así como toda la filosofía). Pero si es así, lo mismo podríamos decir de cada individuo humano. Todo el dinero que una madre invierte en su hijo por la enfermedad puede ser igualmente destinado a otra persona mejor que su hijo, es decir, a un presidente,  a un pacifista, a un gran pensador o talentoso artista, etc. A menos que ese niño sea el mejor humano del mundo, siempre habrá otra persona mejor a la cual se le podría destinar el dinero.
Finalmente debemos concluir que lo importante en todos los casos y ejemplo anteriores no radica en cuan útil o practico es el objeto al cual se le puede dedicar el dinero, sino que si aquella cosa es amada por el que usa el dinero.