Maldita hermosa vida

El día se deshace y en su hilacha trae una estela de rocíos.

La noche teje en mí una maraña.

Y detrás de mi piel, la duda se vuelve un translúcido veneno.

Junto a la ventana yo sólo me río (y soy un río de cielos).

En este poema no hay gatos, sólo autos que pasan.

 Y  un hombre que lejos me recuerda, y tal vez, maldice haberme conocido

(Tocan timbre, deben ser los demonios que se anuncian.

Vienen a traerme manzanas y pociones, pecados y cosquillas.)

Con los hilos de la noche yo emparché sus dolores y los míos,voy a acostarme con él ahora.

Y voy a regalarle con mis manos un universo de vidas posibles para que elija una y se zambulla.

Después yo me voy con los demonios.

Y le dejo los picantes y la risa.