corriendo hasta la muerte

[Estados Unidos] [Tras la asombrosa constatación de que Estados Unidos mueren cerca de cien caballos de carrera al mes por dopaje, este editorial del New York Times pide castigos drásticos para los preparadores que juegan de este modo con la vida de sus potros –castigos como la inhabilitación perpetua. Editorial NYT].

Los handicappers [pronosticadores] y apostadores han debido agregar un nuevo e inesperado factor para elaborar sus predicciones para la elite del Travers Stakes Saturday en el hipódromo en Saratoga Springs: la publicación en la red de todas las dosis de medicamentos dadas a los purasangres en los días previos a la carrera.
La extraordinaria decisión de informar al público qué están haciendo los preparadores en las caballerizas fue ordenada por las autoridades hípicas de Nueva York preocupadas por los descarados escándalos por el dopaje que están amenazando la industria hípica estadounidense. La información será subida a la página web de la Junta de Carreras y Apuestas del Estado de Nueva York. Los caballos también estarán constantemente vigilados durante las veinticuatro horas del día para garantizar que la carrera en la que se juega un millón de dólares empiece con su integridad intacta.
Estas son medidas elogiables que debieron haber sido adoptadas mucho antes. La hípica estadounidense se ha convertido en líder mundial de los catastróficos colapsos de caballos medicados abusivamente y obligados a correr una y otra vez hasta que mueren de fatiga. Una investigación del Times reveló que en todo el país los caballos son sacrificados a una tasa de veinticuatro ejemplares a la semana a medida que los preparadores los pinchan y parchan en su afán por obtener premios más abultados que hacen posibles las ganancias de los casinos asociados.
Funcionarios de Nueva York adoptaron medidas después de que la tasa de mortalidad se duplicara este año en Aqueduct, con treinta caballos sacrificados desde la inauguración de un casino adyacente el año pasado.
La carrera trágicamente interrumpida del potro I’ll Have Another en las recientes carreras de la Triple Crown dejaron al desnudo la fácil cultura del dopaje y la deficiente implementación de los castigos contra los preparadores. Después de dos victorias, el potro fue borrado de las Belmont Stakes supuestamente por una presunta lesión “rara”, pero se descubrió más tarde que había sido fuertemente dopado con analgésicos para el tratamiento de la tendinitis crónica.
Su preparador, Doug O’Neill, tiene todo un record de reiteradas violaciones por el uso de fármacos, pero ciertamente no es el único; sólo dos de los veinte principales preparadores no han sido citados nunca por infracción de las normas. El mes pasado, cuarenta prominentes propietarios y criadores estadounidenses anunciaron que dejarían de medicar a los potros los días que tuvieran que correr. Esto incluye la práctica rutinaria de dopar a los caballos con furosemida –un fármaco que hace perder entre nueve y trece kilos de agua- antes de las carreras para mejorar la velocidad del caballo. Esta práctica está prohibida en Europa, donde la hípica es más clara y mejor supervisada.
Pero se puede hacer mucho más, incluyendo la inhabilitación perpetua de los infractores reiterados, como ocurre en Europa. Estas reformas iniciales son sólo el principio de lo que debe ser un esfuerzo continuado para reparar al rey de los deportes en momentos en que cae cada vez más en manos de los canallas.
2 de septiembre de 2012
24 de agosto de 2012
©new york times
cc traducción c. lísperguer