Claudia Pacheco y el arte de la magia

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Sentada frente a mí. Esbelta y bella, con 35 años de edad, tiene días atareados y sin embargo, hace música junto con su amigo Rafo, escribe para la revista Contra Poder, está a punto de publicar su nuevo libro “Love my way” y como broche de oro es una maga, una maga soñadora. “Tonterias ando haciendo dicen” sonríe.

¿Cómo ha logrado todo lo que se ha propuesto, qué es lo que nunca la ha detenido? Desde niña creyó y se interesó por las artes, combatió y tuvo que enfrentarse a comentarios que la querían hacer persistir, comentarios duros pero que jamás la detendrían.

La mujer que levitó en el 2009 frente al Palacio de Gobierno, tiene un anillo de orejas de gato en su mano derecha, vive con cuatro gatos y con un invitado especial: su enamorado. Claudia, es amante de las artes, de la vida.

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Como toda niña siempre pensó en querer hacer mover las cosas con la mente. En el colegio, era ella la que hacía los juegos con cartas, la maga del salón. Con el pasar de los años estudió canto, música, luego pintura, a los 19 años de edad publicó un poemario y al mismo tiempo su sueño de hacer magia se durmió, pero no para siempre. -Sucedió que Rafo y yo teníamos una tienda de ropa dark y como teníamos ropa diferente, aterrizaron unos magos a comprarnos trajes – cuenta Claudia.

La magia despertó en ella, otra vez. Comenzó a pedir clases pero todos le decían lo mismo: “Las mujeres son las asistentes”.  Se ríe con superación. Sin embargo, su búsqueda y afán por aprender no dejó que ella se detuviera. Viajó a congresos de magia en Buenos Aires, Dalas y así comenzó. Poco a poco se fue introduciendo en este gremio dominado por los hombres.

-Yo quiero llegar hasta donde pueda, yo solo voy a seguir avanzando… Avanzar hacia adelante sin mirar atrás, igual voy a llegar a donde quiera mientras no me salga del camino – dice firmemente.

Actualmente, tiene un taller en Magdalena en donde tiene todos sus implementos, incluyendo la esperada varita mágica por los niños, en donde practica sus actos o en donde dicta clases de magia.

Me habla con entusiasmo de sus actos más conocidos: la metamorfosis y los aros. Emocionada le pido que me haga un juego de cartas. La noto algo cansada, pero a pesar de eso se pone de pie y va en busca de la baraja.

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Vuelve.                                                                                                                                                                                                                                                         Ahora Claudia se acerca más a mí. Y comienza la pequeña sesión. Me advierte con una pregunta si es que conozco las cartas. Coge cuatro de ellas y luego me muestra una, me pregunta cuál es, y la pone boca abajo sobre la palma de mi mano, y en un dos por tres las cartas que tenía, ahora las tiene ella y viceversa. Después de mi rostro de emoción y de mis risotadas, Claudia suspira.

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¿Suspiros de amor?

Su sueño siempre ha sido encontrar a una persona con quien compartir su vida y ahora la ha encontrado. Tiene un año y cinco meses de relación, y ha estado muy dispuesta a hacer lo que no le gusta por pasar tiempo junto a su amor. Sacrificando todo sueño y pesadez, empezó a practicar el atletismo junto a él, llegando a correr los 10k de Nike y los 21k de Adidas, ha logrado beneficiarse tanto sentimentalmente como profesionalmente ya que practicar deporte la mantiene más activa para sus actos.

-Para mí el amor es una decisión… Conoces a una persona y si piensas que es sensato entregarle tu cariño, pues tomas la decisión de amarlo – Afirma.

Ella, está muy segura, tiene una nueva familia.

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Los gatos, su debilidad.

Todos los que tiene en casa los ha recogido de la calle. Siempre recuerda cuando encontró a su primer gato atropellado, con su cadera partida en cuatro, se llenó de humildad y lo llevó al veterinario. Le dieron la buena noticia de que sobreviviría y comenzó a dedicarle tiempo, le ponía inyección cada 6 horas, durante más de 3 meses. “Y de pronto, se curó” dice con voz suave y contenta.

A pesar de no entrometer a sus gatos en sus actos, siempre aparecen en sus fotos o en algún reportaje que le hacen. Mientras ella posa todos los gatos se acercan. Y le encanta. Aunque sabe que es un problema porque todo el mundo relaciona los gatos con la magia negra.

Sabe que existe el mal, pero no cree en las adivinaciones ni cosas por el estilo. “Lo que yo hago es un arte, el arte de la magia” comenta. Y ésta requiere de prácticas, de técnicas. Se encuentra fastidiada porque muchas veces el público piensa que puede adivinar el futuro.

Su loco afán por los gatos la ha llevado al punto de ir todos los días al parque Kennedy a alimentar a un ‘par de gatitos’- cuenta. Le encantaría hacer una fundación pues piensa que es una linda labor pero tiene la clara idea de que sería dedicar mucho tiempo y ahora eso es lo que le falta, además sabe que como en todo siempre hay discusiones entre las organizaciones. Por eso, por lo pronto prefiere rescatar a los gatos que puede, darles de comer, cuidarlos y amarlos. Convirtiéndose así en una persona como todas las demás, no tiene nada diferente a nosotros. No posee algún poder sobrenatural.

Afirma que todos pueden hacer magia, así como cualquiera puede estudiar música. Dependerá de la disposición que uno tenga y de todo el empeño que le pongas. “Yo solamente hago este arte para soñar que lo imposible se puede hacer realidad por unos momentos y que la verdadera magia está en uno mismo”.

-Entonces ¿Te consideras soñadora?– le pregunto. -Yo sí, claro- responde Claudia.

Está feliz de saber que la magia, en el sentido más humilde, está en sentir emoción, en creer en los sueños, en luchar por lo que uno anhela, solo hace falta decidirse a perseguirlos e ir en busca de ellos. Está feliz de saber que la magia está dentro de uno mismo.

No parará. Quizá, hasta ganar el premio mundial de magia.

Ella seguirá en busca de sus sueños.

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