RECUPERANDO LAS GANAS DE APRENDER

Cuando empezamos los entrenamientos con un perro lo más importante a tener en cuenta es el estado de ánimo, tanto el suyo como el nuestro. El trabajo tiene que ser algo agradable para los dos, si no, estamos fallando a nuestra relación con él.

Pues bien, os contaré que hace no mucho ha venido a nuestro hogar un nuevo miembro, Traste (un boxer un poco loco, pero muy majete el “sala’o”.) Por una serie de circunstancias empezamos con muy mal pie lo que dio lugar a unas sesiones de entrenamiento bastante malas, yo no tenía ganas y Traste no sólo perdió el interés sino que estaba completamente a disgusto. Intenté motivarle de muchas maneras, pero no conseguía ningún cambio positivo hasta que un día leyendo un artículo en el blog de Educan, La Caja Verde, titulado Lluvia de albóndigas me vino la inspiración.

El artículo trata sobre como eliminar una conducta que no queremos que aparezca en un comportamiento ya aprendido cuando la extinción (método conductista) sería demasiado costosa y repercutiría en el estado emocional del perro. El método que propone es la aparición aleatoria de premios, es decir, el animal obtiene refuerzos frecuentemente y al azar. No explicaré cómo funciona para corregir los fallos en la mecanización de los ejercicios (hay que leer el artículo del que saque la idea), pero os diré cómo lo use con Traste. Ya que había perdido toda su motivación por los entrenamientos empecé una sesión decidida a usar este método, no para corregir un acto sino para recuperar las ganas por trabajar. Al principio cuando vio la bolsa de premios empezó a vacilar y recular, pero cuando los premios le caían porque sí, la actitud de Traste cambió de forma increíble y en un par de sesiones usando esta técnica empezó a estar mucho más atento a mí, a moverse con más ganas, la expresión viva… en fin empezó a coger el gusto a esto de aprender.

Como he dicho sólo hicieron falta un par de sesiones para recuperar la motivación y ya empezamos a trabajar normalmente.

Hemos pasado de no querer hacer nada a no querer dejar de entrenar. Ahora me guía al armario donde guardo la correa con la que entrenamos como diciendo: “¿Es la hora ya?”

Traste interesadísimo en la lección