Últimas tardes con Teresa

No puedo decir que no me lo esperara. Es decir, llevábamos mucho tiempo juntos y estaba claro que en los últimos días (meses quizá) no habían sido demasiado buenos para ambos. Ella se iba arrastrando por toda la casa; verla tirada en el sofá mirando hacia el televisor apagado es una de las imágenes más tristes que he visto nunca, lo que hacía que yo no pudiera atenderla como necesitaba, por mucha pena que me diera.

Por eso cuando el veterinario me ha dicho que había que sacrificarla, la decepción no ha sido tanta como cabría esperar.