Perros en el ‘diván’

Los canes también pasan por el psicólogo. Repasamos con una experta las pautas para tratar a mascotas con ansiedad, hiperactividad o baja autoestima.

Perros en el ‘diván’

El tiempo de tratamiento en el diván suele rondar las dos semanas.

Como si fuese una costumbre de verano, el abandono de animales y en concreto de perros sigue ocupando, por desgracia, muchas de las noticias de esta época. Año tras año se repite la misma historia. Familias que se van de vacaciones y no se les ocurre mejor idea que dejar a su mascota en una cuneta, en un parque o simplemente en la oscuridad de la noche. Se desprenden de ellas de la misma forma con la que tirarían un clínex. Es difícil comprender que se sigan cometiendo tales delitos. Además, en los últimos tiempos hay que sumar el factor de la crisis, el latiguillo que sale conversación tras conversación, debido a que los perros cuestan dinero -piensos, vacunas, medicamentos- y se trata de uno de los primeros gastos de los que prescinden algunas familias. “Hay de todo, pero hay perros que llegan a las casas de acogida en muy malas condiciones”, denuncia Amagoia Rodríguez, voluntaria de ASSAM-Vizcaya (Asociación Socorro Animal Amigos de Milord).

El maltrato y el salvajismo también se hacen notar. Hace algo más de una semana, un vecino de Renteria (Gipuzkoa) halló en un contenedor de basura un perro que había sido rociado con un ácido corrosivo “Tenía la piel en carne viva”, manifestó un testigo. Días después, en Txintxetru (Álava) aparecieron tres canes ahorcados y rematados a tiros. Historias atroces que se repiten con frecuencia y con finales nada felices. Una mujer que intenta hacer más felices a las mascotas o por lo menos acercarse más a ellas y comprenderlas es Elena Lorenzo, psicóloga canina de Txakur Eskola (Barakaldo), que se inició en esta profesión de la mano de los ejemplares de sus amigos porque siempre le han encantado los animales, vió que “tenía mano” y decidió dedicarse un “poquito a ello”. Su trabajo se centra principalmente en rehabilitar a perros con problemas de comportamiento, agresividad, hiperactivos, con ansiedad por separación, que se hacen pipí en casa o sufren la soledad, entre otras tantas disfunciones.
La ansiedad y el trastorno de agresividad suelen ser las dolencias más frecuentes que suele abordar. La primera se manifiesta cuando los perros se quedan solos en casa, una situación que no conciben, por lo que se “hacen pipí, normalmente en la puerta de entrada, destruyen lo que se encuentran a su paso, chillan, ladran y aúllan”, explica Lorenzo. El can agresivo, en cambio, tiene tres formas de comportarse: los que presentan un carácter fuerte hacia otros perros o incluso hacia los propios dueños, los que mantienen una conducta hostil hacia las personas y, por último, los que se centran en asustar o pagarlo con el resto de canes. Y es que hay mascotas tan agresivas que hasta el círculo familiar-cercano les puede coger miedo. “Ahora mismo tengo un mastín con el que un miembro de la familia quiere trabajar y todos los demás le tienen pánico”, apunta. En estos casos, según explica la psicológa, hay que llevar a cabo más sesiones con “el dueño que con el perro” para poder así indicarles unas pautas especiales de comportamiento. Del mismo modo, algunos perros con la autoestima baja manifiestan dicha inseguridad gruñiendo o mordiendo. Este trastorno se suele dar en ejemplares que han sido “muy mimados y sobreprotegidos y que no saben enfrentarse a sus miedos”.
Desde cachorros
“Hay que tener el corazón de piedra para no quererlos. Son bonitos, inocentes e irresistibles, pero crecen y antes de que te des cuenta tu cachorro se ha convertido en un perro”, sostiene el televisivo César Millán, ‘El encantador de perros’, acerca de las crías. Y es que la educación se antoja fundamental desde que la mascota es casi una recién nacida, al igual que a los niños se les enseñan normas desde que son bebés. Lo ideal sería “llevarlos” a un centro de psicología canina antes de que desarrollen problemas y “con unas sencillas pautas” -saber cuándo mimarles y cómo tratarles-, el perro evitará caer en esos trastornos de comportamiento. Además, es importante saber que a la hora de sacar al animal a la calle a dar un paseo o hacer sus necesidades no es conveniente que el can marque el camino o vaya tirando de la correa. Tiene que ser el dueño el que fije el trayecto y el animal debe ir a su lado, un poco más atrasado o a su estela, pero nunca por delante. Si los propietarios lo ven conveniente, también los pueden llevar “sueltos”, pero siempre atendiendo a esa directriz.
El tiempo de tratamiento en el ‘diván’ varía según el perro. A algunos les basta con dos sesiones y otros necesitan algunas más, pero la terapia suele rondar “las dos semanas”. A partir de ese momento influye “mucho la mano que tengan los dueños con el can”, advierte Lorenzo. En su opinión, hay que saber combinar ejercicio, disciplina y cariño.
A juicio de esta rehabilitadora, todos los problemas tienen solución, pero es importante elegir bien la clase de perro a la hora de hacerse con él y tener bien claro los cuidados que necesita. Y es que no todos ellos son compatibles con sus dueños. “A veces, un impedimento físico en el dueño hace imposible pasear a un perro que tenga mucha actividad”. Por ejemplo, a ancianos con poca agilidad les resultará complicado atender a una mascota “que necesite salir muchas veces a la calle”. La proliferación de abandonos empuja a muchas familias a optar por la adopción o el apadrinamiento en casas de acogida. Especialmente en estos casos, los perros demandan una “ayuda y cariño” suplementarios. Pero lo que sí queda claro es que cuando dueño y perro se compenetran “se puede disfrutar de un verdadero amigo”, sentencia César Millán.