TODOS MERECEN UNA MEDALLA

Muchos critican el hecho de que se les coloque a las mascotas una chapita que los identifique. Algunos dicen que esto es tratar a los animales como propiedad privada, argumentando que ellos no tienen dueño, que deben ser libres. Más allá de que es verdad que los animales tienen que ser libres y no presos de nada ni de nadie, lo cierto es que esta pequeña identificación sirve para que, cuando se pierden, sea mucho más fácil dar con ellos y devolverlos a sus cálidos hogares. Por supuesto que no son propiedad privada de nadie. No son cosas, ni esclavos que responden a amos. Son seres llenos de amor a los que muchos humanos les brindan todo de sí para que vivan de la mejor manera posible.

Es menester que todos entiendan la importancia de llevar esta plaquita en los collares, dado que aún el animal más adiestrado del mundo puede perder el sentido de la orientación en algún momento. Las fiestas de fin de año y todas las celebraciones que utilizan fuegos artificiales son los escenarios que más tienden a propiciar que pasen estas desgracias.

Las hay de todos los tamaños, colores y formas. Deben llevar el nombre de la mascota y el teléfono de un responsable a quien acudir en caso de necesidad. Que no se los prive de este derecho es una obligación para quienes verdaderamente adoptan mascotas a conciencia.

Porque a los animales se les da comida, hogar, amor, y, por sobre todas las cosas, la tranquilidad de que siempre habrá alguien que pueda responder por ellos para que sientan que todo lo que se les ofrece al adoptarlos es genuino. Recuerden que son seres indefensos, sin voz, que necesitan constantemente que alguien hable por ellos. Esta es una manera más que contundente de demostrar que jamás estarán solos.

Son amigos, compañeros, parte de la familia, héroes, dignos de ser premiados por todo el cariño que dan incondicionalmente. Todos, sin importar sin son de raza o no, merecen una medalla, ¿no les parece?

Silvina Rodríguez Gáspari