Make Me Understand That I Was Wrong…

Vengo a narrarles parte mi vida.
No cualquier trozo inservible, sino un pedazo muy valioso para mí.
Este día no tiene fecha, sólo vida.
Era joven, demasiado joven como para saber qué lo que estaba apunto de hacer me lastimaría, demasiado.
No era ningún tonto, no era pesimista, no era lo que soy ahora.
Era un día, al caminar, al mirar, al voltear, la noté y ella me notó. Su mirada perforó mi corazón. La mía el de ella.
Volaba mientras caminaba, sentía cosas en el estomago, y en mi cabeza no había nada.
Por fin conocía los nervios, ella se paró en frente mío, y dijo palabras, palabras que no debí escuchar, que no debí memorizar, que no debí besar.
Dijo cosas hermosas, como sacadas de poemas, como extraídas del mismísimo infiero en donde habita el corazón. Su corazón.
Era joven, no lo suficientemente joven como para escapar de ahí.
Dijo cosas que en este momento soy incapaz de repetir, Se detuvo frente a mí, alzo su mirada y la clavo en mi rostro, sólo veía sus labios moverse, sólo veía como en ese momento me perdía.
Pasaban los días como las noches lo hacían, pestañeaba y ya era un nuevo día.
Era joven, demasiado joven, soy joven, no tan joven.
Ese momento, en el que sus labios hicieron una mueca para así sonreír, para así despertar el dolor que hay en mí.
Sonrió con la boca y también con los ojos, me llamó por mi nombre, lo sé, eso no es nada pero en ese momento era demasiado, me llamó simpático, me llamó y yo claro que fui.
Compartíamos todo, hasta lo que no se debe de compartir, ella creció pero su manera de amar jamás lo hizo.
Yo era un joven al que le gustaba soñar, al que le gustaba platicar con ella.
Ella creció y se fue, ella creció y nunca me quiso llevar.
Ese día en especial fue que conocí algo que desconocía, algo que aún no logro clasificar.
Se paró frente a mí y me dijo: “Soy Aide, y soy yo la que quiere ser ese veneno que no quieres tomar, pero aún así lo tomarás.”
Fue así que las venas en mí transportaron el doble de sangre en todo mi cuerpo.
Era joven y estaba enamorado.
Dio vuelta y comenzó a caminar, comenzó a reír, volteó y la forma en la que movió su cabello. Me olvidó.
Vivíamos juntos, vivíamos felices, vivíamos, porque para ese entonces yo ya sabía lo que era vivir.
Ella se fue en la noche, dejo todo menos el tiempo que le dedique, menos los sueños rotos pegados en el espejo.
Me pedía favores, me pedía besos, me pedía que fuésemos uno solo.
La amé y sé que ella también lo hizo.
Supongo que no fue su culpa al dejarme solo.
Ese día no llovió.
Era feliz, ella me hacia feliz, era baja de estatura, era clara de piel y de corazón, era única, tan única como las nubes.
¿A dónde está ella?
Ese día salió conmigo, platicamos por horas, reíamos sin razón, como los idiotas que éramos.
Hablábamos y hablábamos, nos conocíamos.
En la noche pensaba en ella, pensaba en absolutamente nada.
Era feliz, lo repito.
Ella se fue, se comportó egoísta, me quiso y al final lo demostró.
Ella me dejo con todo entre las manos. Entre la razón.
Esa noche no volvió, prefirió quedarse a dormir en la calle, entre autos, entre malditos curiosos, entre ruido y falsas lágrimas.
Esa noche llovió.
Ella sabía el futuro, mi futuro, sabía que no éramos nada. Sabía y lo acabó.
Ella se fue, jamás regresó, dejo el vacio, dejo lo que actualmente soy. Me dejo a mí.
Ella no está más, se fue, está dormida, y nunca despertará.
Aún siento aquel malestar en el estomago, aquellas miradas y aquellas palabras, aún extraño a aquel joven que se enfrentó a lo mejor que le pudo pasar en toda su jodida vida, a aquel joven que jamás sentirá lo mismo.
Ella está dormida para siempre, ella cerró los ojos con un fuerte golpe, con un conductor estúpido y con lágrimas en sus lastimados ojos.
Ella no quería dejarme pero tuvo que hacerlo, no era fuerte, nunca lo fue.
¿Dónde estaba yo para soportar ese golpe, para salvarla a ella?
¿Dónde estaba este joven egoísta?
Estaba tirado vaciando las ilusiones, estaba sonriendo hipócritamente, este egoísta no es más el mismo.
Sé que tuve la culpa, sé que siempre tengo la culpa.
Ella era baja de estatura, de ojos eternos y de besos deliciosos, yo era sólo un egoísta disque buen hombre, maldito infeliz.
Ese día me dejo, y ella no me quiso llevar.
Tengo que gritar todas las noches, tengo que sacar todo lo que hay en mí.
Odio a la gente, a toda la gente, tan sólo porque son el reflejo de lo que yo era y de lo que yo soy.

Rogelio Mejia.