Un periodista ciego y una veterinaria se enamoran en una historia de perros

La editorial Destino acaba de publicar ‘Cierra los ojos y mírame’ – La obra retrata el mundo de la ceguera y de los perros-guía

David es ciego pero puede ver, lo hace a través de los ojos de su perro lazarillo. A los 20 años, cuando cursaba tercero de periodismo sufrió un accidente de tráfico que le relegó a la penumbra. “Me dejé caer en una depresión profunda que me asfixiaba entre sus brazos y no me dejaba escapar”, asegura tras el accidente.

Blanca, de 18 años, adora a los animales y acaba de comenzar la carrera de veterinaria. La joven pasó hace unos meses por un momento muy duro: se vio obligada a separarse de su mascota. “Lo has entrenado para que cumpla su misión en la vida”, le consolaban sus amigos, “estará muy pronto con alguien que lo necesite”.

Y así es. Su querido cane, Kits, es el encargado de guiar a David y no sólo para que éste no tropiece en el parque, o para que tenga cuidado cuando se aproxima a un escalón, le ayudará también a encontrar el amor.

Estos dos personajes son ficticios aunque sus creadores, Ana Galán y Manuel Enríquez, admiten que tienen mucho de ellos mismos. Los dos autores de la novela Cierra los ojos y mírame comparten con sus ‘criaturas’ su pasión por los animales (no en vano ambos son veterinarios), así como su experiencia en el cuidado de perros guía.

“Suma la dependencia que un ciego tiene de su lazarillo y el vínculo emocional que cualquiera tiene con estos animales y te darás cuenta de lo que es un perro guía”, asegura Enríquez, que al igual que su personaje tuvo que pasar por el trauma de perder la vista. “Tanto tu seguridad como tu integridad física está en los ojos del perro”, reflexiona el veterinario, que hasta hace unos meses era coordinador del Departamento de perros-guía de la Fundación ONCE.

“Es apasionante todo lo que hacen estos animales”, afirma Galán que trabaja como criadora de perros guía para la organización “Guiding Eyes for the Blind” de Nueva York. “Eso sí, no son un GPS, el perro guía no tiene ni idea de por dónde se va a tu destino, es el usuario el que sabe por donde hay que ir, el perro guía lo que hace es mostrarle dónde hay obstáculos”.

Es precisamente Blanca, el personaje creado por Galán, la encargada en la novela de mostrarnos el proceso de aprendizaje de estos perros tanto en la “escuela” como en sus familias de acogida.

Y es que, antes de que estos animales pasen a guiar los pasos de una persona invidente tienen que someterse a un riguroso entrenamiento. Tras éste serán capaces de ir en el metro, considerar si hay algún bajo que pueda dar a su dueño en la cabeza o no distraerse con otros perros.

De este modo, los canes pasan dos años en los que tienen que superar diferentes pruebas hasta convertirse en lazarillos. Para ello, se echa mano de familias a las que previamente se asesora sobre cómo tratar al animal. Así, deben recompensarle cada vez que haga algo bien, ser estrictos cuando se quiera tumbar en el sofá o enseñarle a respetar todas las normas…

“El perro va a estar viviendo toda su vida en una casa”, afirma Galán, “por eso es importante que antes esté con una familia que le va a exponer a distintas situaciones como un restaurante, un autobús… eso le queda en el disco duro y cuando vuelve a vivir la misma situación la recuerda”.

Sin embargo y pese a los momentos “gratificantes” con que estos animales recompensan a sus familias de “acogida” lo cierto es que hay un momento muy duro: dejarles partir para “finalizar” sus estudios en la escuela. “Tanto en la novela como en la vida real, es un momento muy emotivo en el que todo el mundo llora”, reconoce Galán.

Después de año y medio en compañía de una familia los canes que superan las pruebas de concentración a las que son sometidos han de pasar a un entrenamiento más intenso de seis meses en la escuela de perros guía. Durante este tiempo, se limita mucho su contacto con la familia de “educadores”.

Tras ese entrenamiento llega el gran momento, el del encuentro del invidente con el que a partir de ese momento será su guía. Pese a que en la ficción David apenas tiene problemas para hacerse con un perro, lo cierto es que tal y como relata Enríquez, “en España la fundación ONCE hace cuatro test: uno médico, uno psicológico, uno sociológico y otro de movilidad”.

A través de la historia de Kits, David y Blanca, Cierra los ojos y míramepretende quitar las vendas a una realidad que puede resultar poco próxima al público juvenil al que va dirigida. Sus personajes, sin caer en el dramatismo, nos muestran la vivencia real que experimentan personas que han perdido el sentido de la vista y las dificultades que sufren por la aceptación de la discapacidad y la lucha por seguir adelante.

“No pretendemos ser paternalistas” afirma Galán, “pero el chico se queda ciego y lo podía haber evitado”. Enríquez añade: “Es decirles a los chavales esto es real y te guste o no existen los accidentes y las imprudencias”.

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