Soneto de los perros

Fue el de los perros un raro destino.

Guardianes de la casa, armas de caza,

no lejos de los lobos por su raza,

la suerte nos los dio de coinquilinos.

 

Dejamos de cazar, y les avino

en vez de liebre un hueso de carnaza;

en patios nulos e ínfimas terrazas

cazaron los descansos del vecino.

 

O con sus blandas lenguas reemplazamos

al hijo no nacido, a algún amante

traidor, y al hoy extraño amigo de antes.

 

Absorben la tristeza de sus amos,

la envuelven con saquitos y zapatos.

Muy pronto irán a Starbucks con los gatos.