La historia de Doima.

doima

  

  

Llegó a alegrar mi vida en un momento sumamente difícil para mí. Al nacer, su madre la rechazó por selección natural ya que era la más pequeña, la más débil.   Desde ese momento la alimenté y en general le di todos los cuidados que ella requería. De esa forma me convertí en su madre sustituta y fue mi compañera hasta hace muy poco.

Formamos un lazo tan fuerte que éramos inseparables, hasta que un pseudo veterinario con su negligencia tuvo a bien hacerlo después de casi 4 años de estar juntas. Tenía un carácter fenomenal, era dulce, tierna, sumamente cariñosa, vamos… que no se sentía un perro, ella se sentía ser humano, como una niña, y como tal comía, dormía y vivía conmigo.   

El día 26 de octubre por la noche ella se comenzó a sentir mal, comenzó a tener fiebre, se notaba sumamente inquieta, tuvo un pequeño vómito, comenzó a arquearse como intentando tocar con su nariz su cola y expulsó líquido de las glándulas anales.   Llamé al veterinario que se suponía que además de eso era amigo de la familia, y le comenté los síntomas para ver si podía llevarla a su consultorio para que la revisara en ese momento, pero lo que recibí como respuesta fue que le diera un analgésico (creo que le molestaba la idea de salir de la comodidad de su casa en una noche fría de otoño)  y que la llevara al siguiente día para que la revisara, cosa que tuve que hacer ya que no conocía a otro veterinario y no tenía a quién recurrir.   

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¿Quién acciona el gatillo?

El rey Juan Carlos I ha desempeñado un papel indudablemente positivo en dos momentos delicados de nuestra historia reciente. La transición de la dictadura de Francisco Franco a la actual democracia española habría sido difícil y arriesgada sin la presencia de un puente que uniera ambas orillas con el beneplácito más o menos explícito de todos los bandos implicados.   

El dictador Franco nombró a Juan Carlos de Borbón como su sucesor en la jefatura del Estado, por lo que franquistas no tuvieron más remedio que aceptarlo, por muy a regañadientes que fuera. Franco murió el 20 noviembre de 1975 y sólo dos días después Juan Carlos juró como Rey ante las Cortes del régimen moribundo. Al cabo de unos meses, Juan Carlos nombró jefe de Gobierno a Adolfo Suárez, ministro de la Falange reconvertido en instaurador de la democracia. El 23 de febrero de 1981 los fantasmas del anterior régimen todavía nos depararon el esperpento televisado del asalto al Congreso por Antonio Tejero al frente de 200 guardias civiles. Pistola en mano y dedo en el gatillo, Tejero mantuvo secuestrados a los diputados durante 18 horas, a la espera de que se le uniesen unidades militares, Juan‑Carlos I, vestido de uniforme de capitán general, apareció en la televisión y ordenó a los militares que se mantuviesen dentro de la ley y obedeciesen a las autoridades legítimas, con lo que la intentona quedó abortada. En ambas ocasiones Juan Carlos de Borbón, bien aconsejado, estuvo a la altura de las circunstancias.  

En las distancias cortas, Juan Carlos es campechano y jovial, y fácilmente despierta la simpatía de sus interlocutores. No destaca por sus virtudes intelectuales ni por su fina sensibilidad, pero ello tampoco es exigible a un monarca constitucional, que en definitiva es una figura decorativa a la que basta con no provocar escándalos para mantener su trono. Aquí no me refiero a pecadillos triviales, sino a conductas que produzcan indignación moral profunda o que choquen frontalmente con los valores de nuestra época.  Hoy en día, la conciencia ecológica y bioética y la preocupación por la vida en nuestro planeta desempeñan un papel fundamental en la emergente cultura global. Aunque la caza tenía mucho sentido durante el Paleolítico, lo perdió completo tras la revolución del Neolítico, que tuvo lugar hace unos diez mil años. 

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Impide la matanza de ballenas

Islandia ha decidido unilateralmente reanudar la cacería comercial de ballenas por primera vez en más de veinte años. En la Unión Europea la captura comercial de ballenas está prohibida desde 1986 y Islandia  está vulnerando los acuerdos internacionales que no puede quedar impune.

La cacería comercial de ballenas es una actividad cruel, retrógrada y innecesaria que pone en peligro la supervivencia de estos cetáceos y, en general, el equilibrio biológico de la fauna marina.

ADDA, como miembro de la coalición WSPA (Sociedad Mundial Protección Animal), solicita su firma en la campaña para salvar a las ballenas del arpón que realiza el gobierno de Islandia.

Para firmar haga click aquí