Hola amig@s:
Hoy quiero contaros la triste historia de Boby, un auténtico superviviente “muy especial” que llegó al albergue este verano tras haber sido “rescatado” de su triste destino.
Todos los animales que llegan al albergue tienen tras de sí dramáticas historias que podrían contar si hablaran, pero la de Boby emocionó muchísimo a las voluntarias de la Protectora que fueron a recogerlo a un pueblo cerca de Ávila.
Boby tiene ahora alrededor de 10 años y por lo que allí pudieron saber, su vida ha debido ser horrible. A pesar de ello, es un perro muy bueno que sólo busca sentirse seguro y protegido. Le gusta mucho que te sientes a su lado y le acaricies; sólo quiere que estés a su lado y no le dejes solo; en cuanto coge un poco de confianza contigo y te separas de él, te sigue todo el tiempo y se queda pegado a la verja mientras te ve marcharte. Aún habiendo sido maltratado en varias ocasiones por el ser humano, a todos los que le conocemos nos sorprende la necesidad que parece tener de querer pertenecer a alguien.
El ácido que le echaron le dejó a Boby una gran cicatriz en su costado.
Un día del pasado verano, llamó a la Protectora una señora de un pueblo muy cerquita de Ávila, diciendo que había un perro lleno de heridas abiertas que le sangraban y que estaban llenas de bichos, y que como los niños se acercaban a él, les podía transmitir enfermedades y que a ver qué se podía hacer.
Al llegar al pueblo, y tras dar varias vueltas, las voluntarias de la Protectora vieron a un mastín blanco tirado en mitad de la calle. No se movía ni reaccionaba a nada, y llegaron a pensar que estaba muerto; al ponerse delante de él, abrió lo ojos, pero no hacía nada más: era como si se estuviera dejando morir. Tenía heridas por todas partes y las garrapatas se lo estaban comiendo vivo; pero lo que más les asustaba era una enorme cicatriz que tenía en uno de los costados, en una zona cercana al cuello.
Boby se lleva muy bien con los demás perros.
El perro estaba al lado de una casa en la que una familia de vez en cuando le echaba alguna sobra para comer. El señor les contó que primero lo tuvo un militar que le tenía siempre atado y que le pegaba de tal manera que el perro no se podía ni sentar durante días.
Luego aquél se lo dio a un pastor, que como no le servía para seguir al rebaño porque tenía las patas de atrás muy dañadas por los golpes del otro, lo acabó ahorcando de un árbol. Quizá su peso le hizo soltarse a tiempo y sobrevivió también a aquello. Aún conserva la cicatriz de la soga alrededor del cuello.
Boby estos días, con su nuevo chubasquero.
Tras deambular herido un tiempo, como esta familia le echaba de comer se quedó por allí, cerca de la casa, pero una noche de madrugada, oyeron un coche, y gente gritando y al perro aullando y ladrando. Al parecer le iban echando ácido en la piel, para “divertirse y pasar el rato”. La cicatriz que le dejó el ácido es enorme, pero imaginamos que la cicatriz de su corazón hacia las monstruosidades que son capaces de cometer algunos seres humanos es mayor aún. Ésta fue la terrible vida de Boby, que en el albergue de la Protectora ha encontrado el mejor hogar que probablemente haya tenido jamás.
Boby se lleva especialmente bien con su amigo Maxi.
Se lleva muy bien con los demás perros, sobre todo con su amigo Maxi. Cuando llegó al albergue estaba muy muy triste y apenas se movía. Ahora ya está más contento. Le cuesta levantarse y caminar, pero ya va dando pequeños paseos; eso sí, con arnés, porque tiene pánico en cuanto ve un collar y ve que intentas ponérselo. También le da miedo que le metas dentro de una caseta o en sitios donde se ve encerrado. Pero lo más increíbles es que, a pesar de todas las atrocidades sufridas, Boby es todo corazón.
Aunque es un perro grande, no necesita una finca enorme. Es más, preferiríamos que pudiera estar dentro de una casa, acompañado el mayor tiempo posible por una familia que le quiera de verdad y sepa regalarle los últimos mejores años de su vida. Tiene que ser un hogar y una familia muy especial, que le quiera incondicionalmente y le devuelva la confianza en el ser humano.
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